¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Desilusión, decepción.

La mayoría de la gente opina que no hay dolor más amargo que el sufrimiento, que ese sentimiento desgarrador que te oprime y luego te estira el pecho, hasta que finalmente te rompe por dentro, dejándote como un muñeco que ya no puede ser usado hasta que alguien regrese para arreglarlo.
Quienes piensan eso, quienes lo viven en su propia carne, tienen razón. Pero yo discrepo.
Y es que yo he notado que lo que realmente nos mata por dentro, más allá del sufrimiento que nos paraliza y nos rompe pero que nos permite recuperarnos, es la desilusión.

No hablo de la desilusión pasajera e infantil por no poder conseguir el capricho que queremos, sino la desilusión real al sentir que alguien te falla. Y ese sí que es un dolor que cala hondo, cada vez más, pues es el sentimiento de que una persona ante la que te habías desnudado completamente, en la que confiabas más que en nadie, no ha sido capaz de cumplir tus expectativas. Y eso sí que lastima de verdad, no solo te parte en pedazos sino que, decepción tras decepción, te va matando por dentro, porque no eres tú quien puede ponerle solución  a la forma de ser o de actuar de una persona, sino que es ella quien debe elegir cambiar.
Y hay quienes se dan cuenta de los hechos, quienes realmente ponen interés en solucionar los problemas y terminar con las desilusiones, pero también hay quienes no son así y no cambian nunca, hiriéndote cada vez más, hasta que ya no puedes avanzar y no sabes cómo seguir adelante, porque estás tan destrozado por dentro que esa chispa de alegría que brillaba siempre en tu interior se ha apagado, sin dejar de ti nada más que un cascarón vacío, muerto.
No hay nada peor que eso, morir en vida.

1 comentario:

  1. Has hecho que me emocione ¬¬ jaja
    Estoy contigo en que la desilusión o decepción que puede provocar una persona a la que consideras especial en tu vida, provoca mucho dolor.

    Sigue sintiendo como sientes, no cambies tu esencia.

    Un beso enorme,
    Abel Jara Romero

    ResponderEliminar