¿Quiénes me siguen?

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domingo, 16 de diciembre de 2012

Tierra y cielo (5)



Capítulo 5: Un cuento real.
A la hora de la comida, Sorah se dirigió a donde Diego se sentaba siempre, a una mesa apartada de todos los demás y que él ya estaba ocupando.
-Me parece que te debo un cuento, ¿no?
El desinterés con el que lo decía le indicaba lo mucho que le interesaba el asunto.
-Sólo si tú quieres.
Sí, ya era hora.
-No confío en la gente.
Eso ya lo sabía. Durante el tiempo que había pasado a su lado, había llegado a la conclusión de que sí, confiaba en sí mismo, al contrario de lo que había dicho Nemeides. Era de los demás de quienes no se fiaba.

-Te parecerá una locura- prosiguió él-, pero tiene una explicación. Deja que te lo explique todo sin parar, ¿vale? No es fácil contar ago que se lleva ocultando seis meses.
-Está bien.
Sorah vio en su expresión lo mucho que le afectaba aquello, pero vio también que ya había tomado la firme decisión de contárselo.
-Toda mi vida he vivido en una mansión e ido a una escuela de élite. Hasta el curso pasado, nunca había tenido ningún problema. Tengo mi grupo de amigos incluso ahora, o lo tendría si no hubiera tenido que alejarme de todos-Sonrió, con tristeza-. Tengo un hermano gemelo, ¿sabes? El caso es que, a principio de curso, él empezó a juntarse con un compañero nuevo y no tardaron en hacerse amigos, hasta que el chico demostró que estaba metido en temas de drogas. Sus padres le cortaron el grifo creyendo que así lo dejaría, pero estaba mucho más enganchado de lo que parecía y un día que quedó con mi hermano, le dio una paliza para quitarle todo el dinero que tenía. Le dejó al borde de la muerte, postrado en una cama de hospital durante un mes. Cuando salió de allí, estaba destrozado psicológicamente, tanto, que lleva desde entonces en un centro psiquiátrico, hasta que se recupere. Mis padres decidieron alejarnos a los dos de todo eso y aquí me tienes, rodeado de gente de la que no me fío porque no quiero encontrar a nadie a quien e interese más mi dinero que yo.
Finalmente, quedó en silencio. Solamente ellos dos seguían allí, pero ninguno de ellos se dio cuenta.
-Tienes miedo de que te pase lo que a tu hermano…
El chico asintió.
-Tú no sabes lo que es ver a una persona destrozada por algo así.
-Sí lo sé- Desmintió ella-. lo estoy viendo ahora mismo.
Durante un minuto, quedaron en silencio, mirándose el uno al otro sin pestañear. Pasado ese tiempo, Diego se levantó.
-Nos vemos mañana, Sorah.
Y se fue, sin que ella pudiera contestar.
-Hasta mañana…

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