¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

viernes, 7 de diciembre de 2012

Tierra y cielo (3)



Capítulo 3: Empiezan las confesiones.
-Buenos días, Diego.
El chico miró a Sorah. Ella, como todas las mañanas, tenía una sonrisa pintada en la cara y, antes de acercarse a los demás, se dirigía a él. Aún no comprendía qué la impulsaba a hablar con él, pero se sentía a gusto con ella cerca, al menos eso era lo que pensaba Sorah.
-¿Aún no te has cansado de mí?
Sorah le miró, de camino a clase. Luego se encogió de hombros.
-Llámame loca, pero no. ¿Intentas decirme que todos ellos- Señaló a su alrededor- sí lo han hecho?
Diego miró a ambos lados, a todos los alumnos de la clase. Sin decir palabra, fue a sentarse al fondo y ella le siguió. Justo cuando pensaba que no le iba a contestar, lo hizo.

-No me he acercado demasiado a ninguno de ellos.
Bien, iban llegando al centro de la cuestión. Un ángel sabio hubiera sabido con sólo ver a un humano cuál era el problema de este, pero ella era muy joven en comparación con la mayoría y había ciertas capacidades que sólo se adquirían con la edad.
-¿Por qué? Parecen simpáticos.
Sorah sabía que si se lo preguntaba cualquier otro, no respondería. La diferencia era que ella era un ángel y una capacidad con la que sí nacían todos ellos era la de despertar la confianza de cualquier humano.
Diego la miró a sus ojos verdes y, como siempre que lo hacía, pareció saber que podía hablar con ella, que fuera lo que fuera, lo entendería.
-Yo no debería estar aquí- Susurró.
-¿En qué sentido?- Susurró ella a su vez, imitándole.
El chico señaló a su alrededor, a los alumnos aburridos y a la profesora que explicaba.
-Este sitio no es para mí, no es a lo que estoy acostumbrado- Bajó aún más el tono de voz-. Estoy estudiando en un instituto público, con gente normal, cuando podría estar con mis amigos de toda la vida en uno de los colegios más prestigiosos del país. Soy rico, Sorah. Mis padres tienen una de las compañías aéreas más utilizadas del mundo.
Esperaba muchas cosas, pero  no aquello.
¿Cómo dices’
-¡Sorah!
El grito de la profesora hizo que bajara la voz.
-¿Qué haces aquí entonces?
-Es una historia muy larga- El chico abrió el cuaderno y miró hacia la pizarra-. ¿Te lo cuento luego?
Sorah podría haber insistido, lo sabía, pero aquel no era el momento. Cogió un bolígrafo y lo destapó.
-De acuerdo.

1 comentario:

  1. OMG OMG OMG OMG!! Me encanta. Bua, yo creía que era un hijo no deseado, o huérfano. Pero esto... genial.
    Me encanta, ¿para cuando el siguiente?

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