¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

sábado, 20 de octubre de 2012

Obsesión.

Entra la brisa al moverse las cortinas y él observa el cuerpo femenino sobre la cama. Ve el cabello, dorado, desparramado sobre la almohada y la piel, pálida, semi cubierta por las sábanas. Uno de sus brazos, delgados y sin fuerza, cae desde el borde de la cama, sus dedos rozando la moqueta que cubre el suelo.

Él camina, cambiando de perspectiva hasta que puede ver su rostro, relajado, con los ojos cerrados y una serenidad que no parece propia del mundo. Tiene los labios ligeramente fruncidos por el sueño, como si permaneciera en una eterna calma confusa. Y sus cejas rubias se alzan por encima de unas largas y rizadas pestañas que no pueden aletear, que solo sirven de adorno.

viernes, 12 de octubre de 2012

Corazones Partidos.



Coges la copa de champán y la observas, totalmente absorta en las burbujas que se despegan del cristal del fondo para subir a la superficie.
Bueno, no sé si eso es lo que haces tú, pero sí se trata de lo que hago yo.
Estoy en medio de una sala llena de gente bien vestida a los que no conozco, claro que ellos tampoco me conocen a mí. Mi nombre es Ania y únicamente estoy aquí, aburrida mientras la orquesta toca, para recuperar lo que me pertenece.
Soy consciente de que un par de hombres me miran desde el extremo del salón y no es algo que me extrañe, dado mi aspecto de modelo rubia y rompecorazones, pero en eso están equivocados, es mi corazón el que está roto, lo que ya no tengo. Aparto la vista de ellos, asqueada, y la poso en la puerta, que se acaba de abrir para mostrar a una especie de dios griego de pelo negro y maravillosos ojos azules.
Las piernas me tiemblan cuando le reconozco y, sin embargo, ese temblor desaparece cuando camino decidida hacia él, que se queda paralizado al reconocerme.
-¿Ania?
Sonrío.
-Hola, Eric.
Y deprisa, antes de que puedan impedírmelo y sin dejar de sonreír, saco el puñal que escondía en la falda y se lo clavo en el pecho, justo en el corazón.
Cae al suelo, muerto.
 A mí, en medio de gritos, me apartan de él. Me da igual lo que hagan conmigo ahora.
Me partió el corazón y yo me he encargado de partírselo a él.
Literalmente.

viernes, 5 de octubre de 2012

Banda Sonora Original.



Salgo de la cama apartando las sábanas y estirándome después, hasta que siento que mis huesos llegan a su límite. Como todas las mañanas, no escucho el trino de los pájaros, ni las voces de los niños en las calles. Eso hace mucho tiempo que quedó atrás.
Desde hace dos años, lo único que se escucha cada mañana es la nada, hay el silencio más absoluto. O, al menos, ese es el mundo para mí. Desde que una infección acabó con mi oído y, por consiguiente, con todo mi mundo.
Yo adoraba la música, todo para mí era una continua melodía hasta que, de repente, cesó. Desperté de mi enfermedad con un sentido de menos.
Hoy, sin embargo, tengo esperanzas. Quizás sea el fin de mi tortura, de mi vida sin voces y sonidos.
Al final llego al hospital y no pasa demasiado tiempo antes de que me lleven a una sala en la que, mediante una mascarilla, vuelvo a quedarme dormida. No sé cuánto tiempo ha pasado cuando vuelvo a abrir los ojos, que, al instante, se me llenan de lágrimas. Mi propia respiración suena rítmica, tanto como no recordara que lo fuera; oigo el ruido de los coches más abajo, en la calle. Y escucho a mi familia, todas y cada un de las palabras que dicen quedan registradas en mi memoria sin necesidad del lenguaje de signos.
Hasta hace nada, un audífono era inútil para mí, no había forma de arreglar mi problema, pero un avance médico acaba de cambiar eso.
Ha vuelto la banda sonora de mi vida.