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martes, 4 de septiembre de 2012

Magia Negra (9)


Capítulo 5: Magia negra.
(Parte 1) 

Avril miró el cuerpo sin vida de Matt. Desesperada, intentó encontrarle el pulso, pese a saber que no lo haría, porque era inexistente. Sus lágrimas caían al suelo, mezclándose con la sangre que seguía escapando del chico.
Durante unos minutos interminables, Avril no hizo nada más que quedarse sentada a su lado, dando rienda suelta a todo su dolor mediante sus gritos, tan desgarradores como la brecha que sentía ella misma dentro del pecho, en el lugar exacto donde su corazón comenzaba a convertirse en piedra sin él. Dejó que la magia escapara de ella a raudales, convocando una tormenta con un poder que nadie salvo ella podría parar, todo lo que sentía se concentraba en los rayos que caían del cielo, en la rápida expansión de los nubarrones negros y en el diluvio que estaban ocasionando.

Tenía todo ese poder y había pensado que no podría enfrentarse a una docena de asesinos. Tanto poder y no había podido salvar al único hombre del que se había enamorado.
Tanto poder…
Tanto poder como el que tenía para recuperarle.
 Sin secarse las lágrimas, consciente de que la lluvia volvería a mojarle el rostro, se levantó. Llena de una fuerza creada por la esperanza y con ayuda de la magia, alzó el cuerpo de Matt y comenzó a caminar en la oscuridad de la calle, a sabiendas de que nadie podría ver lo que estaba haciendo a través de las cortinas de agua que caían sobre los cristales de las ventanas.
Anduvo rápido y sin detenerse, con el corazón encogido por el pánico y el dolor, hasta que llegó al coche. Era una suerte que siempre llevara las llaves encima. Movida por la determinación, abrió la puerta e introdujo el cuerpo de Matt en el interior, sentándole sobre el asiento del pasajero. Después, corriendo, se sentó ella en el del conductor. Arrancó el coche y salió tan rápido como pudo de allí, agradeciendo que fuera tan de noche, por lo que apenas había coches en la carretera. Aceleró lo máximo que pudo, sin disfrutar de la velocidad, simplemente buscando llegar a su destino lo antes posible. La lluvia caía sobre la luna del coche, pero los limpiaparabrisas, eficientes, apartaban el agua una y otra vez.
Si por ella fuera, haría lo que iba a hacer en el apartamento, no recorrería todos esos kilómetros a una velocidad ilegal ni pondría con ello en peligro su vida, pero no podía hacer nada más. La magia que iba a emplear era magia negra y el libro en el que estaba el conjuro se lo sabía casi de memoria, pero claro, casi. No era un conjuro que pudiera tomarse a la ligera, arriesgarse a cometer ningún error. Necesitaba el libro y, para ello, debía ir a su casa. Y enfrentarse a su madre con tal de recuperar al universitario del que estaba enamorada.
Durante varias horas, condujo sin parar, consciente de que llegaría antes de lo esperado, pese a la lluvia que ella misma había convocado con su rabia y que se extendía, imparable, por todo el país. Apenas pensaba que las ruedas del vehículo podían derrapar con la lluvia, solo quería llegar ya, acabar con esa locura, esa pesadilla en la que se había convertido su vida en apenas unos minutos.
Eran más de las tres de la madrugada cuando finalmente llegó a la puerta de la que, durante años, había sido su casa. Frenó rápido, haciendo ruido, pero no tenía vecinos a los que pudiera molestar. Solamente su madre estaba cerca y sabía que, igualmente se despertaría. Decidida, bajó del coche y sujetó a Matt, ayudándose de sus capacidades, al igual que había hecho antes. Luego se acercó a la puerta de la casa, que se abrió al reconocer el código genético que compartían madre e hija.
Nora estaba al pie de las escaleras, asombrada de ver allí a su hija. Y espantada al comprender qué era aquello con lo que cargaba. Corriendo, se acercó a ella, ayudándola a posar a Matt en el suelo, sobre la alfombra. Su cuerpo ya no expulsaba más sangre.
-¡Dios santo!- Chilló- ¿Qué ha pasado, Avril?
Y deprisa, sin omitir un detalle, ella se lo contó, todo. Y Nora comprendió al instante lo que su hija se proponía.
-No vas a devolverle a la vida- Se negó, en un susurro de su voz quebrada.
-Sí voy a hacerlo, madre.
-¡Avril!- La mujer, exasperada, le agarró uno de los brazos, apretando los dedos con fuerza en torno a su piel-. Sabes cuál es el castigo para eso.
Sí, lo sabía. Su madre se había encargado de grabárselo en la mende desde que naciera.
-Sí- Afirmó, con seguridad-. Y me importa una mierda si con ello consigo salvarle.
Nora comenzó a llorar, pendiente únicamente de su hija.
-Te detendré- Le dijo-. No dejaré que lo hagas.
-No- Avril sacudió la cabeza y clavó los ojos en los de la mujer-. Intentarás detenerme y fracasarás en el intento. Utilizarás la magia si es necesario y volveré todos tus hechizos contra ti. ¿Escuchas la tormenta?
Nora asintió. Y comprendió lo que pretendía decirle con esa pregunta.
-En el parte meteorológico decían que habría sol en todo el país… ¿Esto es cosa tuya, verdad?- no esperó a escuchar la respuesta-. Nadie crea una tormenta con la fuerza suficiente para expandirse tanto, ni a tanta velocidad…- La miró- Por Dios… Avril… Siempre supe que eras poderosa, pero nunca imaginé que tanto.
-Y yo siempre supe que sería incontrolable, que ninguno podríais conmigo- le confesó ella, sin que la voz se le quebrara-. Ese fue el motivo real de que me marchara. Solo que hasta esta noche no sabía que podría espantar a doce asesinos. Y por mi culpa Matt está muerto- Tragó saliva, mirando el pálido rostro del chico-. Así que tú decides: puedes permitirme que le devuelva a la vida, o puedo devolverle a la vida sin que tú me lo hayas permitido.
Supo la respuesta de su madre antes de que se abalanzara sobre ella, con el miedo en el rostro.

3 comentarios:

  1. Espero impaciente el próximo capítulo! ^^
    Un abrazo :3

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  2. Madre mía... que interesante se esta poniendo!! Sigue escribiendo que quiero más.

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  3. Me alegro mucho de que os haya gustado!!! :D

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