¿Quiénes me siguen?

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lunes, 3 de septiembre de 2012

Magia Negra (8)

Capítulo 4: Matt.
(Parte 2) 

El restaurante era agradable, con suave música instrumental y paredes de madera, con grandes imágenes del paisaje de la India y decorados estilo Bollywood. Las mesas eran bajas y los asientos consistían en cómodos y coloridos cojines de seda. Ellos estaban situados en uno de los reservados, apartados del resto de los clientes.
-¿Te gusta?
Avril se metió una cucharada del arroz especiado en la boca. No sabía exactamente qué llevaba, pero sabía bien.
-Has acertado de pleno, Matt.
El chico sonrió. Cogió su copa y vació el contenido, también de origen hindú.
-Pensé que te gustaría probar algo nuevo.
-Si te digo la verdad- La bruja comió un poco más antes de seguir hablando-, empezaba a hartarme de la comida de mi madre. Como bruja, es muy buena, pero como cocinera, es pésima. Y lo peor de todo es que no me ha dejado preparar nada ni una sola vez, así que me he alimentado a base de carnes quemadas y verduras demasiado crudas.

-Al menos tus padres preparan ellos las comidas- Replicó el chico-. Porque en mi casa todo lo prepara la cocinera. ¿Sabes qué?- No esperó a que respondiera-. Quizás debería presentártelos.
Avril casi se atraganta.
-¿A tus padres?
-No, a la cocinera- Respondió él, con guasa-. Pues claro que a mis padres. Al fin y al cabo…
Por un instante, perdió la voz, sus ojos bicolores adquirieron un brillo que reflejaba temor y sus mejillas se tiñeron de rojo, algo nada propio de él.
-¿Matt?
Avril se acercó más a él, deslizando los dedos sobre su mano. Y entonces él la miró, con una intensidad en la mirada que la dejó sin aliento.
-Al fin y al cabo- Repitió-, te quiero. Quiero pasar el resto de mi vida contigo y sé que, si me faltaras, no sabría cómo continuar. Por eso quiero pedirte que te cases conmigo.
Avril no podía creerlo, le miraba, habiendo escuchado las palabras pero sin llegar a comprenderlas, su cerebro se negaba a trabajar. Hasta que él sacó una pequeña caja de seda plateada y, al abrirla, le mostró un anillo de oro blanco trenzado con un zafiro en el centro.
-Matt…
Él la miró, sonriente ante su expresión de asombro, comprendiendo todas las dudas que la asaltaban.
-No te estoy pidiendo que sea algo inmediato, princesa. Los dos sabemos que no es eso lo que queremos, pero también sabemos que no estamos dispuestos a separarnos. Simplemente intento ofrecerte algo de estabilidad con este anillo. Una promesa de un futuro en común.
No sabía por qué lloraba, pero lo hacía. Lágrimas de felicidad le caían por las mejillas al abalanzarse sobre él, sin dejar de abrazarle. Y minutos después, sin dejar de mirar el anillo, era incapaz de no pensar en lo que significaba.
Un futuro en común.
Al salir del restaurante, estaban eufóricos de, abrazados, riendo y sin dejar de mirarse. Todo lo que les rodeaba les resultaba desconocido, no se fijaban en que eran más de las doce de la noche, ni en que la calle, salvo por ellos, estaba en completo silencio.
Se dirigieron hacia su casa flotando en una nube de felicidad. Por eso no se dieron cuenta, hasta estar a medio camino entre la casa y el restaurante, que un grupo de hombres les seguía.
-¡Eh, tú!
Les descubrieron al mirar hacia el lugar del que provenía la voz, les estaban rodeando. La mano de Matt se aferró con fuerza a la suya y la puso detrás de su cuerpo, por si tuviera que protegerla. Intentó aparentar tranquilidad, ella lo supo por la forma en la que su voz se elevó, demasiado segura cuando, en realidad, él no se sentía así.
-¿Hay algún problema?
Estaba tan oscuro que no podían distinguir sus rasgos, pero notaron cuándo sonrieron.
-Danos tu cartera y quizás no lo haya.
No protestó, ambos, ella y él, sabían que no podían hacerlo. Ni siquiera una bruja podía enfrentarse a todo un grupo de matones.
Sacó la cartera de cuero negro del bolsillo y extendió la mano, tendiéndosela al hombre que se acercó. Él la cogió y, justo después, su mirada se posó en Avril. Sus labios se estiraron en una sonrisa que nada tenía que ver con la alegría, sino más bien con la lascivia. Matt lo notó y se tensó.
-Aléjate de ella.
El hombre se rió, mientras sus compañeros, los once, empezaban a rodearles.
-¿Qué harás si no lo hago?
Dio un paso hacia un lado, pero Matt se movió en la misma dirección, intentando evitar que se acercara a la chica.
Los sonidos de las risas macabras de los matones hicieron que el corazón se les acelerara de temor. Avril apenas era consciente de que su cuerpo empezaba a acumular energía, dispuesto a lanzar un ataque en caso de necesidad. Pero cuando otro de los hombres se acercó más y la sujetó del brazo, no pudo hacer otra cosa más que gritar de miedo. Y entonces Matt se giró y, sin pensar lo que estaba haciendo, cegado por la rabia, le incrustó el puño en la mandíbula, tirándole al suelo por la fuerza del golpe.
Ese fue el incentivo que necesitaban sus atacantes para enfrentarse a ellos. Sin poder hacer nada por evitarlo, Avril vio cómo un grupo de hombres se lanzaba sobre su novio, mientras que dos pares de ellos tiraban de ella, con fuerza y una mirada que supo que no olvidaría jamás. Escuchó los gritos de Matt, a sabiendas de que, pese a que trataba de defenderse, llevaba todas las de perder y ya había empezado a recibir golpes. Sintió cómo las uñas de uno de los hombres le rasgaban la piel y, al mirarse el brazo, vio fluir un fino reguero de sangre. Y aquello hizo que una chispa brotara de su inconsciente, librándola del miedo y obligándola a plantar cara.
Con un grito de rabia, agarró la muñeca del que la había hecho sangre y dejó que una llamarada de poder brotara de sus dedos. El hombre chilló y se zafó del contacto, pero ya era tarde, su piel se había quemado y las ampollas comenzaban a salir, a velocidad vertiginosa. Con un gesto de la mano y los ojos empequeñecidos de furia, elevó a otro de los asaltantes en el aire, escuchando sus gritos mientras provocaba el crujido de sus huesos. Sintió, sin ser realmente consciente de lo que estaba haciendo, cómo su magia le oprimía las costillas mientras nadie podía acercarse a ella, protegida por un escudo que no recordaba haberse construido. Cuando le soltó, quedó en el suelo, la respiración débil, entrecortada.
El grito de Matt rasgó el aire.
Aterrada, se giró. Allí estaba él, presionando con su mano a la altura del pecho. Conmocionada, miró al primer hombre que se había acercado a ellos, su mirada demostraba terror ante ella y venganza, mientras que sostenía un puñal ensangrentado entre los dedos Luego salió corriendo, alejándose a la vez que Matt resbalaba hacia el suelo.
Corriendo, se acercó a él, dejándose caer a su lado. Su piel estaba pálida y más fría que la última vez que le había tocado. La mano con la que se presionaba el pecho no era suficiente para contener el flujo de sangre que se derraba sobre su ropa, manchándola de color carmesí.
-Matt…
Le sujetó la cabeza, apoyándola sobre sus piernas. Podía sentir las lágrimas comenzando a escapar de sus ojos viendo, pese a la humedad, que el chico la miraba a su vez, con sus maravillosos ojos dispares, más opacos que de costumbre a medida que la vida se le escapaba.
-Te quiero…-Susurró, con la poca voz que le quedaba-, princesa…
Ya no dijo nada más. Miró sin ver, como sólo podían hacer los muertos.

4 comentarios:

  1. Oh!! Dios pobre Avril O.O Con la buena pareja que hacían :(

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  2. Dios! No! ¿Por qué has matado a Matt? Qué pena me ha dado este capítulo :'(

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Esta escena me recuerda a la del atraco de la película Ghost. Aunque es triste... me encanta :)
    Un abrazo :3

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