¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

viernes, 10 de agosto de 2012

Tras un velo, dolor.

Y así, sentada en el suelo de tierra que la lluvia ha convertido en barro, te preguntas el por qué de su elección, los motivos que tuvo y que todavía tiene para seguir pasándote por alto, sin percatarse de que quizás tú ya no le miras como hacías antes, ni ves a un simple amigo en él.
Que, aunque trates de ocultarlo porque no quieres que se sienta mal, eres tú la que, enferma de dolor, llora cada noche deseando que ojalá él te quisiera, que no pensara en ti como en una simple amiga, que dejara de hablar de ella cuando está contigo porque es entonces cuando sientes que el corazón se te rompe en pedazos y que las lágrimas luchan por escapar en contra de tu determinación a que se queden donde están, mientras esbozas una falsa sonrisa y finges que te alegras con sus palabras.
Es, al volver a casa horas después, cuando pones la música tan alto que no puedas oír nada más, esperando que su ritmo alegre actúe como un bálsamo.

Esto de aquí es algo que creo que a muchas nos ha pasado alguna vez o, si no, algo parecido. Lo leo ahora y sé que lo he superado, que puedo seguir adelante por mucho que me costara en el pasado. Simplemente espero que, si alguien se siente identificado, piense en ello detenidamente, en el dolor que supone un rechazo. A veces reflexionar es lo único que necesitamos para encontrar un camino y olvidar.
Un saludo.

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