¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

sábado, 4 de agosto de 2012

Samantha Martin (5)


 Capítulo III (parte 2):
A la mañana siguiente, Samantha se despertó en el sofá, le dolía la espalda. Miró la hora y se levantó de un salto, faltaban quince minutos para que entrara a trabajar. Tardó esos quince minutos en ducharse y vestirse. Cogió un batido de leche de soja y chocolate y bajó a su coche. Le quedó claro cuando llegó a la comisaría que aquel no iba a ser su día de suerte, no había aparcamiento, por lo que tuvo que dar vueltas durante diez minutos hasta encontrar un hueco. Cuando al final logró llegar hasta la planta del departamento de homicidios, era media hora tarde. Como remate para la peor mañana de su vida, Jared se acercaba a ella con el gesto incluso más serio que el día anterior, estaba bastante enfadado por algo que Samantha no llegaba a comprender. Se quedó parada hasta que él llegó a su lado. Ni siquiera la saludó.
-Ayer te llevaste el cuaderno de notas- No lo estaba preguntando.
Samantha se pensó la respuesta a pesar de saber que el chico conocía la verdad. Decidió no mentir.
-Sí.
-¿Por qué lo has hecho?- Hablaba en voz baja- ¿Estás loca o es que quieres meterte en un lío?
-¿A ti que más te da?
Le miró a los ojos, él no estaba enfadado, tan solo molesto por el detalle.
-Si ese cuaderno desaparece, los principales sospechosos seremos nosotros, puesto que nadie ha entrado en la comisaría por la noche.
-Está bien- Le aseguró ella, casi sonriendo ante la preocupación de su compañero. Lo sacó de su bolso-, ¿ves?- Él fue a cogerlo, pero ella no le dejó- ¿Pensabas delatarme al inspector?
Jared le arrebató el cuaderno.
-Dependía de la excusa que me dieras. Así que responde, ¿qué hiciste con él?
-Dictárselo al periodista que me encontré ayer- Puso los ojos en blanco durante un instante-. ¿Tú qué crees que hice? Lo estuve revisando.
Jared comenzó a caminar y su compañera le siguió.
-¿Descubriste algo que habíamos pasado por alto?
-Nada en absoluto.
El hombre la miró.
-Pues volvemos a la casa, a ver si vemos algo que hubiéramos pasado por alto ayer.
Antes de que la chica tuviera tiempo de decir nada, él ya bajaba con paso firme las escaleras. La única opción que tenía era acompañarle.
Llegaron a la escena del crimen en veinte minutos. La zona estaba completamente rodeada de periodistas que se acercaron a los agentes, intentando averiguar algo más del escándalo. Jared únicamente tuvo que enseñar la placa para que les dejaran entrar tranquilos en el edificio. Se aseguró de que había cerrado bien la puerta antes de pasar al ascensor.
-Odio a los periodistas.
Susurraba como si estuviera hablando con él mismo, sin intención de que Samantha se enterase, pero ella no se dio cuenta.
-¿Por qué? Sólo hacen su trabajo.
Él la miró, saliendo de su repentino trance. Esbozó una rígida y extraña sonrisa, melancólica.
-Sé que no puedo meterles a todos en el mismo saco por lo que hiciera uno, pero cuando trabajaba en el caso del asesino en serie, un periodista consiguió entrar en un ordenador del cuerpo de policía y publicó mis descubrimientos en un periódico. Por su culpa el asesino supo que íbamos a tenderle una trampa y se escondió. El hombre mató a dos personas más antes de que le capturáramos.
-Eso fue un gran error por parte del periodista- Coincidió Samantha mientras salían del ascensor-. ¿Qué le pasó?
-Fue tan idiota como para poner su nombre verdadero en el artículo, así que le cogimos y le condenaron por obstrucción a la justicia.
La chica no dijo nada más. Pasaron al piso en silencio, con cuidado de no romper el precinto policial que estaba pegado al marco de la puerta. El lugar estaba tal y como lo habían dejado, contados los muebles en su sitio y el piano, precintado también, seguía abierto, mostrando el extraño lugar donde se había encontrado el cadáver. Samantha se quedó con la vista fija en el piano. Jared se dio cuenta.
-¿Hay algún problema?- Le dio un golpecito en la espalda.
-¿Cuál era la profesión de la víctima, Jared?
La miró, sorprendido por la pregunta.
-Pianista, ¿ya te has olvidado? Deberías mirarte la cabeza, a ver si tienes un problema.
Samantha prefirió obviar el comentario.
-Pianista, tú lo has dicho.
-¿A dónde quieres llegar con eso?
Realmente no lo entendía
-¿No te parece muy personal el hecho de que su asesino la metiera dentro del instrumento musical con el que trabajaba?
No tuvo que pensar demasiado antes de responder.
-Sin duda, pero no sabemos el por qué.
-Ya, aunque nos demuestra que el móvil no era una simple tontería que el asesino se tomara a mal.
Jared no dijo nada, comprendía lo que decía, era lo más lógico. Su compañera se acercó de nuevo a la mesa, donde seguían estando las partituras. El jarrón también estaba en su sitio. De repente se le ocurrió una idea, la posibilidad de que fuera real lo que se estaba imaginando era remota, pero tal vez tuviera suerte. Sacó unos guantes de látex de su bolsillo y se los puso, para sorpresa de su compañero, que la miraba sin entender. Con cuidado de no pincharse, sacó las rosas del recipiente y metió la mano dentro. No tardó en encontrar lo que buscaba. Sacó el bolígrafo, empapado en agua.
-Aquí está lo que buscaba ayer.
-¿cómo sabías que estaría ahí?
-No lo sabía, se me ha ocurrido de repente- Miró el objeto-. ¿Es sospechoso, no crees?
-¿El qué?
-Qué estuviera en el jarrón. ¿Qué si no?
-¿Y qué crees que significa?
-¿No lo imaginas? Supongo que, cuando el asesino la estaba estrangulando, ella tenía el bolígrafo en la mano y lo intentó usar para defenderse antas de dejar de respirar. Lo más probable es que le arañara con él y un poco de la piel del asesino se quedara en la punta, de manera que lo metió en el jarrón para que nadie lo encontrara y su ADN se quedara en el agua.
-¿Y por qué no se lo llevó consigo?
La chica le enseñó el objeto, era de plata con dibujos en oro y tenía grabado el nombre de la pianista con letras de imprenta.
-Sería muy sospechoso que otra persona llevara encima algo perteneciente a todas luces a la víctima.
Sacó una bolsa de plástico del bolsillo de su compañero y lo guardó dentro.
-¿Cómo sabías…?
-Simple observación- Le cortó ella.
Jared regresó al asunto anterior.
-Todo lo que has dicho no son más que suposiciones. ¿Acierto?
-Aciertas.
-Y sabes que eso no es suficiente, ¿no?
-Sí, lo sé.
-¿Cómo piensas demostrarlo?
-Todo asesino comete errores, por muy pequeños que sean.
-Eso no me explica cómo vas a demostrar tu teoría.
-Sí lo hace- Le contradijo ella-, es tan sencillo como encontrar esos fallos. Y creo que ya tenemos uno, delante de nuestras narices.
Jared la miró, incrédulo ante lo que decía.
-¿A qué te refieres?
-Si mi teoría es correcta, el asesino tiene algún arañazo. Lo único que hay que conseguir es que lo enseñe.
-Vale, es posible- Aceptó el policía-, pero antes de llegar a conclusiones precipitadas propongo que observemos el resto de la casa, tal vez la asesinaron en otra parte y se nos está escapando algo.
Revisaron el resto de la casa, deteniéndose en todos los detalles. El comedor estaba situado tras una puerta que lo comunicaba con el salón. Era bastante simple. En la pared de al lado a la de la ventana había un mueble de madera negra, dentro había una vajilla nueva y de aspecto nada barato. También había una cubertería de plata. La mesa tenía espacio para seis personas, también era negra, de la misma madera que el mueble. Encima tenía un jarrón con flores, esta vez claveles, que empezaban a marchitarse. Las sillas tenían un color blanco perlado, del mismo tono que las cortinas. Allí no había nada. El siguiente lugar que examinaron fue la cocina, que también comunicaba con el comedor por una puerta de madera negra. A excepción de los electrodomésticos, plateados, y el suelo, de color blanco, los muebles eran rojos, brillantes, con tiradores negros. El estilo antiguo y acogedor del salón no tenía nada que ver con el estilo moderno de las demás dependencias de la casa. Después fueron a la habitación de la mujer. Era grande, con paredes de color rosa claro, casi blanco. La cama, grande también, de matrimonio, se encontraba en medio de la habitación, bien hecha y con sábanas blancas, encima de las cuales había una colcha fucsia. La ventana, con cortinas blancas semitransparentes permitía el paso a la luz  del exterior. En una de las paredes había una gran librería repleta de lecturas de distintas clases, ordenadas alfabéticamente y en la que se encontraba enfrente de esta había un armario blanco, con espejos en las puertas correderas, era un dormitorio muy sencillo. En esa misma pared había una puerta que comunicaba la habitación con el baño.
La última habitación a la que pasaron fue la de su hija. Era la habitación normal de una chica adinerada. Las paredes estaban pintadas del que sin duda era su color favorito, rosa chillón, con un armario blanco con cientos de fotografías pegadas en las puertas. El escritorio de la chica estaba completamente ordenado, y la pantalla del ordenador tenía algo de polvo, señal de que hacía tiempo que nadie lo usaba. Sobre la cama, con sábanas moradas, había varios peluches de diferentes tamaños, colores y formas. También allí una puerta daba paso a un baño, con un tocador repleto de maquillajes y perfiladores.
Acabaron de examinarlo todo casi dos horas después de empezar. El cansancio se reflejaba en sus rostros, no había servido para nada la pérdida de tiempo, no habían encontrado ninguna pista que pudiera culpar a uno de los sospechosos.
Salían de la casa cuando el teléfono móvil de Jared comenzó a sonar. No tardó demasiado en colgar, durante toda la llamada estuvo tan serio como la chica ya se empezaba a acostumbrar.
-¿Algún problema?
-No- Negó al instante-, Smith quiere que volvamos, la hija de la víctima está en la comisaría, quiere vernos.
El regreso en el coche del chico transcurrió en silencio. Él miraba la carretera, pendiente de los coches, mientras que Samantha seguía pensando en el caso, intentando hallar todavía algún fleco suelto e ideando la manera de ver si los sospechosos tenían algún arañazo.
-Estás muy callada, ¿te encuentras bien?
Samantha regresó al coche, dejando a un lado sus pensamientos. Ya casi estaban al lado de la comisaría.
-Sí, no te preocupes.
-¿Qué piensas?
Ella le miró, su vista seguía posada en la carretera.
-Intento que se me ocurra una manera para descubrir si tienen alguna herida que pudiera causar el bolígrafo.
-¿Y se te ha ocurrido algo?
-¿A ti te parece que sí?
No lo decía en ningún tono especial, era una pregunta normal, como cualquier otra. Él tampoco se lo tomó a mal.
-No, no me lo parece- Sonrió-. Creo que estás más perdida que yo en mi primer caso.
Samantha le miró más atentamente, acababa de despertar su curiosidad. El chico parecía no haberse dado cuenta. A riesgo de meterse en una trampa de Jared para llamar su atención o tomarla el pelo, decidió preguntar al respecto.
-¿Qué te pasó?
-Nada especial, pero no sabía cómo actuar exactamente, estaba nervioso. A ti te pasa lo mismo, ¿me equivoco?
Samantha no contestó, giró la cabeza y miró por la ventanilla.
-¿Te ha molestado la pregunta?
-No, has dado en el clavo, por mucho que me fastidie admitirlo.
No hablaron más. Apenas tardaron unos minutos en encontrar aparcamiento, a la hora que era muchos coches ya habían desaparecido de allí. Dentro de la comisaría les esperaba Jessica Polo, tenía el rostro pálido y los ojos hinchados y enrojecidos, como si hubiera estado llorando toda la noche.
Samantha se apresuró a tenderle un pañuelo de papel cuando se dio cuenta de que iba a empezar de nuevo. La hija de la victima la siguió hasta su escritorio. Y se sentó en la silla que le indicó la chica. Jared cogió la de su puesto y se sentó con ellas.
-¿Ha tenido algún problema, señorita Polo?
La voz que empleaba Jared era suave y amable. Un trato delicado hacia una persona que acababa de perder a un ser querido, al chico no le faltaba tacto.
-No, que va- Se secó las lágrimas con el pañuelo-, quería saber si han averiguado algo, quien haya matado a mi madre no puede quedar sin castigo.
-No se preocupe, Jessica- Samantha le ofreció otro pañuelo-, haremos lo posible por encontrar al asesino.
-¿Tienen alguna pista?
Jared le explicó con el mismo tono de voz que había empleado antes que todo lo que averiguaran debía quedar en secreto para no alertar al asesino. Fue tan convincente que consiguió que la chica se fuera en pocos minutos, más tranquila. Luego se levantó y regresó con dos tazas de café. Samantha aceptó la que le ofrecía y bebió un trago. La idea se le ocurrió en ese momento.
-Ya sé como hacerlo.
-¿Que se quiten la ropa?
Jared la miró sin creer lo que estaba escuchando.
-Solamente la camisa- Le corrigió ella.
-A ver, sorpréndeme.
El chico no creía ni una sola palabra de lo que estaba diciendo Samantha.
-Les llamamos para repasar las entrevistas y yo voy a por café que, accidentalmente, les tiro encima.
Las carcajadas del chico se oyeron por toda la comisaría. Varias cabezas se giraron en su dirección, tratando de averiguar a qué venía aquel escándalo. La chica no esperaba aquella reacción que la hizo desear que la tragara la tierra.
-¿Tan mala te parece?- Le preguntó cuando se hubo calmado, entre molesta y todavía avergonzada.
-Es infantil. ¿Tirarle café?- Otra vez sonrió-. No es lo mejor que he oído.
-Pues a ver qué genial idea se te ocurre a ti.
El enfado de la chica era palpable.
-Una fácil y sencilla- Respondió Jared, sin darle importancia a lo que le sucedía-. Les llamamos y les pedimos que se quiten la camiseta, yo a los hombres y tú a las mujeres- Añadió con gracia-. Dudo que acepten si es al revés.
La broma de su compañero surtió efecto y Samantha esbozó una sonrisa.
-¿Estás seguro de que servirá de algo?
-No será difícil chantajearles, sin que se note demasiado, por supuesto. Bastará con decirles que aquel que no lo haga, será el asesino.
Era una idea tan descabellada como la suya, aún así, aceptó probarla.
Con una llamada, hicieron dar la vuelta y regresar a la comisaría a Jessica Polo, luego pidieron al resto de sospechosos que pasaran cuanto antes por allí.
La primera en llegar fue Jessica, que, aunque extrañada, fue la única que no puso objeciones a lo que pedía la policía. Entraron al baño y lo atrancaron desde dentro para que nadie pudiera pasar, allí la chica se quitó la camiseta. No tenía ningún arañazo por el cuerpo, tan solo un corte en el dedo que no correspondía a un bolígrafo y que, según contó, se había hecho al pasar las páginas de una revista de moda.
Después llegó el matrimonio, la abogada fue quien más fervientemente se negó, hasta que le dijeron que la única persona que se negaría sería el asesino. Entonces entró al baño sin rechistar y se quitó su carísima camisa de marca. No tenía ni un solo rasguño. Jared salió del baño junto al marido de la mujer, el hombre tampoco tenía ninguna herida de ninguna clase.
La representante y su hijo fueron los que más tardaron en llegar y ellos también insistieron en que aquello no era necesario, tras la insistencia de los policías accedieron. La sorpresa de Jared y Samantha fue mayúscula al descubrir que ninguno de los dos últimos sospechosos presentaba los arañazos que esperaban ver. Les dejaron marchar sin creer lo que habían, o no habían visto.
-Parece que estabas equivocada, Samantha.
-No es posible- Negó la chica-. Tendrían que tener una herida, aunque fuera pequeñita. Y, regresando al tema de las uñas del que hablamos ayer, alguno de los sospechosos tendría que tener un arañazo, a no ser que vayamos muy desencaminados con la lista de sospechosos y que realmente ninguno sea culpable.
-Estoy de acuerdo en lo de las uñas. Pero no en que nos hayamos equivocado. Si fuera cierto, ya nos habríamos topado en los interrogatorios con el nombre de alguna otra persona con ganas de asesinar a la pianista.
Samantha coincidía en eso.
-Luego tenemos que tener en cuenta otro factor.
La idea le había llegado a la cabeza de repente.
-¿Cuál?
Jared la miró, esperando a que la contara.
-Que el asesino pusiera el bolígrafo donde lo encontramos para despistar y que la uña de la víctima se rompiera cuando intentó quitárselo y la mujer seguía con vida.
-Podemos mandarlo a analizar para ver si algo del esmalte se ha quedado pegado a la plata.
-No, ha estado más de veinticuatro horas sumergido en agua, en el laboratorio no van a encontrar nada.
-Cierto- Coincidió Jared-. Por otra parte ahora podemos ponernos a analizar lo que me contó la vecina.
-¿No había bebido de más?- Le preguntó Samantha.
-Según ella solo un poco y es la única testigo que tenemos.
-Según lo que me contaste ayer la persona a la que vio era alta. Puede ser cualquiera de los sospechosos. Los dos hombres tienen prácticamente la misma altura y las mujeres les igualan si se ponen tacones. A la única a la que podemos descartar es a Jessica Polo, que tal vez es un poco más bajita que las otras.
-Descarta también a Tom- Le recordó el chico-, tiene coartada.
-De acuerdo, nos siguen quedando los mismos tres sospechosos. No hemos avanzado.
-Sí lo hemos hecho.
-Dime donde- Le pidió la chica.
- Recuerda la frase que, según la testigo, le dijo la victima al asesino- La repitió-. “Ah, eres tú, pasa y dime qué quieres”.
-No nos resuelve nada. Si su hermana y ella estaban enfadadas a causa del marido de ésta, es más que probable que les hablara a los dos de esa manera y con esa entonación. De la misma forma que tal vez tratara a su representante.
-Está bien- Aceptó el chico-, no nos sirve para nada.
-No del todo.
Samantha sonrió, se acababa de percatar de un detalle que podía solucionar el caso.
-¿No dijiste que el asesino llevaba un impermeable amarillo?
Jared comprendió al instante a lo que se estaba refiriendo.
-Debe estar en casa del asesino.
-O en su coche.
-Solo hay un problema, necesitamos una orden judicial si queremos entrar en una propiedad privada y no estoy seguro de que Smith nos la pueda conseguir.
-Tú ve a hablar con Smith para que la pida, estoy segura de que nos la pueden conseguir.
Jared no insistió, aunque intrigado ante la última parte de la frase de la chica, hizo lo que ésta le pedía. Mientras el chico estaba dentro de la oficina de su jefe, Samantha sacó el móvil y marcó un número. Menos de un minuto después escuchó una voz al otro lado.

2 comentarios:

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    1. Tu crees? :D Es bueno saberlo!!
      Espero que sigas pensando lo mismo a medida que la historia termine, que ya le queda poquito =)
      Un besito!

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