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viernes, 20 de julio de 2012

¿Y si te busco y no te encuentro?

Hay cartas que no deberían ser escritas, pero hay otras que solamente deberían ser enviadas.
¿Recuerdas nuestra casa?
No me refiero al edificio, sino al lugar. A ese paraje de extraordinaria belleza situado en medio de las montañas, donde todos los edificios estaban esculpidos en piedra y las cascadas caían desde lo alto de las rocas, produciendo ese sonido que a ti tanto te gustaba, ese al que estabas acostumbrado y al que, pese a mi deseo de tranquilidad y silencio, hiciste que yo también me acostumbrara. Echo de menos el verdor de la hierba, el sonido de las aves volando en bandadas y las escarpadas cimas que se veían desde mi ventana. Del mismo modo que echo de menos todo ese lugar ideal, alejado del mundo.
No lo has olvidado, ¿verdad?
Esta carta no te llegará jamás, no perdí tu dirección, es que al marcharte, no llegaste a dármela, porque no tenías ningún lugar al que ir. Decidiste vagar como un nómada sin rumbo y nadie te lo pudo impedir, pese al desconsuelo de saber que, posiblemente, no volveríamos a verte.
Solo espero que alguna vez nos encontremos en el camino porque, ¿sabes una cosa?
Yo también abandoné mi hogar. Aunque en mi caso, no buscaba aventuras, solo te busco a ti.
Ahora, mientras recorro ciudades donde los ruidos del tráfico y las obras me martillean en los tímpanos y donde el vuelo de las aves ya no se oye, mi único objetivo es hallarte. Y, sin embargo, por las noches me despierto, aterrada porque me asalta el temor que tengo desde que partí en pos de ti.
¿Y si te busco y no te encuentro?

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