¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

lunes, 30 de julio de 2012

Samantha Martin (4)


Capítulo III (parte 1):
La chica se levantó de su asiento y se acercó al hombre, llegó frente a él antes de que pudiera acercarse más a la mesa. Le saludó con un apretón de manos y una sonrisa. Pocos minutos después caminaban en dirección al restaurante más cercano. En realidad era un bar con carta de sándwiches, hamburguesas y raciones variadas.
Se sentaron en una mesa libre y pidieron la comida. La conversación comenzó mientras esperaban a que la sirvieran.
-¿Qué tal tu primer día?
Samantha sonrió, aquella era la pregunta que esperaba.
-Acabo de llegar y ya estoy investigando un asesinato.
-¿Qué ha pasado?
-Asfixiaron a la víctima y la metieron en su piano. Ya te enterarás del resto en la televisión.
-¿Era famosa?
Acababa de despertar la curiosidad de su padre. Asintió con la cabeza.
-Era Ariadna Soto- Susurró.
El hombre abrió la boca al máximo, los ojos parecían a punto de salirse de sus cuencas. Iba a decir algo, pero la chica se adelantó.
-No quiero hablar de eso ahora, me he pasado todo el día interrogando a los posibles asesinos.
John no se daba por vencido.
-¿Quiénes son esos?
Samantha no tuvo más remedio que enumerarle los nombres a su padre.
-¿Y quién crees que ha sido?
La chica se pensó la respuesta.
-No tengo ni idea- Confesó al final.
La camarera regresó con una hamburguesa con queso y un sándwich vegetal en el mismo momento en el que Jared entraba en el local. La vio nada más sentarse en la barra, pero creyó que ella no se había dado cuenta. Pronto Smith y otros policías de su departamento también estuvieron frente a la barra. El inspector saludó con un gesto a John, se conocían desde antes de lo que la chica pudiera recordar. El padre de la policía respondió del mismo modo. Entonces se fijó en el chico.
-¿Quién es el chico que está sentado en la barra? Estaba contigo en comisaría.
Samantha miró hacia donde le indicaba su padre.
-Jared Clapton, el que atrapó al asesino en serie. Mi compañero.
-Mira mucho hacia aquí.
-Que haga lo que quiera.
La chica regresó a su sándwich y para su desesperación, su padre continuó con el tema.
-¿No te cae bien?
-No es exactamente así.
-¿Entonces?- La instó a seguir.
-Cuando me he presentado por la mañana, ha pasado de mí como si no existiera, luego ha intentado dejarme de lado para visitar a los sospechosos y antes de que tú llegaras me estaba invitando a comer- Hizo un gesto dando a entender que el motivo le parecía más que obvio-. Debe de tener un problema de personalidad, porque si no, no lo entiendo.
-Pues vamos a llamarle.
Las palabras del hombre provocaron que la chica estuviera a punto de atragantarse. Antes de que le diera tiempo a impedirlo, John Million llamó al policía.
-¡Clapton!- El chico les volvió a mirar- Siéntate con nosotros.
Para mayor vergüenza de Samantha, su padre cogió una silla y la puso junto a la mesa, por lo que el chico fue incapaz de rechazar la invitación. En pocos segundos, se sintió observada por los dos hombres.
-¿Qué tal?- Saludó.
Estaba tan avergonzada por la situación que fue incapaz de apartar la vista de su comida.
-Bien, gracias.
Jared tenía tan poca idea de lo que quería el padre de la chica como ella. Como si no se percatara de ello, John se presentó al joven, que le miró durante unos instantes con los ojos abiertos.
-¿Es usted el hombre de negocios?
John comenzó a reír.
-No esperaba que un chico de tu edad me reconociera.
El policía se encogió de hombros y no dio ninguna explicación. Fue cuando el padre de Samantha se dio cuenta de que no había pedido nada de comer. Levantó el brazo y le hizo una seña a la camarera para que se acercara a la mesa, ella acabó de atender a otros clientes y llegó al lado de los hombres. El mayor de ellos invitó al otro a que pidiera lo que le apeteciera, hablando casi a gritos e insistiendo cuando el chico no sabía si aceptar la invitación o no. Aquella situación era de lo más vergonzosa para la chica, que sentía las miradas de muchos de los presentes clavadas en ellos tres, a causa del ruido que hacían. Por suerte el momento pasó pronto y su rostro no tardó en recuperar su color habitual. De nuevo las miradas de los dos sobre ella, que no sabía qué hacer o decir. No creía su suerte cuando recibió una llamada en el móvil. Contenta por poder alejarse de allí unos minutos, se levantó y se alejó para contestar. Cuando regresó a la mesa, los otros dos ya habían empezado una conversación en la que prefirió no entrar. Se disculpó sin saber por qué tenía que hacerlo y salió del bar. Su horario de trabajo ya había terminado y a pesar de ser su primer día, no creía tener más energía en el cuerpo, lo único que hizo antes de marcharse, fue subir de nuevo a su departamento y coger la libreta de notas.
 Su coche plateado estaba aparcado frente a la puerta de la comisaría, montó en él. Aquella mañana no se habría imaginado que le fuera a alegrar más el marcharse de ese lugar que el llegar.
Entró en su casa y se tumbó en el sofá rojo, con la cabeza apoyada en uno de los brazos del mueble y los pies en el otro. El caso la intrigaba demasiado, seguramente por ser el primero que debía resolver. Sabía que debía empezar con buen pie su trabajo, sería lo que dejara una buena primera impresión y que la víctima fuera una mujer conocida significaba que cuando la prensa comenzara a anunciar la noticia, harían lo posible por averiguar de qué forma marchaba la investigación. De nuevo repasó las notas, las estuvo leyendo y releyendo durante más de una hora, pero seguía si hallar en las palabras de ninguno de los sospechosos el más leve comentario que le delatara. Se maldijo a sí misma, era incapaz de comprender el hecho de que fuera tan difícil hallar a un asesino entre tres personas.
Hacía un rato que se había dado por vencida y había comenzado a ver la televisión cuando el teléfono sonó. Era su padre.
-¿Acabasteis ya de comer?
No tenía interés en la respuesta a la pregunta.
-Sí- Escuchó al otro lado-. No veo por qué te cae mal, es muy simpático, Samie.
Creyó haber oído mal.
-Papá, es un prepotente y un chulo que cree que puede hacerlo todo solo.
-Únicamente te estaba poniendo a prueba. Ha admitido que es serio, pero no esperaba que te enfadaras tanto cuando iba a hablar con la representante.
Aquello último la molestó de verdad.
-¿Piensas ponerte de su parte?- Casi gritaba- Además, ¿habéis estado hablando de mí? ¡Pero a ti como se te ocurre!
-No grites- John mantenía toda su tranquilidad, sabía como tratar a su hija cuando se enfadaba-, solamente le he preguntado el por qué de su comportamiento, quería saberlo para decidir si debía entrometerme o no.
-No- Negó ella, más tranquila y se tumbó otra vez, se había levantado de un saltó antes-, no debías haberlo hecho, y menos para entrometerte luego. Es mi vida- Recalcó esas palabras- y puedo controlarla yo sola. ¿No habéis hablado más sobre mí?
-No, el resto de la conversación ha girado en torno a mi trabajo, ese chico sabe muchas cosas. ¿Por qué te has ido?
-Estaba cansada y vosotros dos estabais hablando, así que pensé que no os importaría.
El hombre quería continuar con la conversación, pero su secretaria le avisó de que su reunión iba a empezar. Se despidió a regañadientes.

3 comentarios:

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    1. Jajajaja!! =)
      El otro trozo saldrá publicado el día 4 ¿te dejo con las ganas? ;) Es que era larguísimo el capítulo y decidí cortarlo en 2 XD
      La foto? Gracias!! :D Regalo de una amiga del blog =)

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  2. Me gusta,me gusta ^^ No he comentado en el otro capítulo porque los he leído los dos seguidos,más cómodo xD

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