¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

martes, 24 de julio de 2012

Samantha Martin (2)

Capítulo I:
Samantha se levantó de la cama a la vez que se secaba las lágrimas que había derramado dormida, sin olvidar lo que había soñado, otra vez. De nuevo la muerte de su madre.
Habían pasado casi trece años y seguía teniendo las mismas pesadillas que entonces, a pesar de las múltiples terapias a las que había asistido de pequeña. Y justo tenía que haber ocurrido de nuevo ese día, cuando comenzaba a trabajar en la misma comisaría en la que había estado ella.

Ya se había duchado y lavado los dientes cuando se miró en el espejo, aquella era su rutina de todas las mañanas. No vio ningún cambio significativo en su aspecto que pudiera estar relacionado con la mala noche que había pasado. Seguía teniendo el mismo color blanco y lechoso de siempre, posiblemente algo más acentuado, como efecto de la pesadilla. Era bastante alta y delgada, lo que la gente definiría como esbelta. Su pelo poseía un característico tono negro tan oscuro como el azabache, largo hasta llegar a su cintura y completamente liso, suponía que herencia de un padre que había muerto antes de que ella naciera y del cual no guardaba ningún recuerdo. Sus ojos eran de aquel mismo color, grandes, con unas largas y abundantes pestañas. Sus cejas, que también poseían aquel color, no eran muy gruesas. Tenía una nariz recta, algo fina, de la misma manera que aquello último también lo eran sus labios, rosados. Al sonreír mostraba unos dientes blancos, brillantes y bien cuidados. Lo que más le gustaba de su aspecto eran sus pómulos, ligeramente pronunciados, lo que menos, el tono claro de su piel, que según su opinión, por las noches le confería un aspecto fantasmagórico.
Acababa de vestirse y estaba terminando de desayunar cuando escuchó la llamada a su teléfono móvil. No conocía el número que aparecía en la pantalla. Antes siquiera de que pudiera saludar, escuchó una voz masculina al otro lado de la línea.
-Soy Smith, Samantha- Se identificó el hombre-. ¿Estás de camino a la comisaría?
La chica se pensó la respuesta, confusa por que su jefe tuviera su teléfono antes incluso de haber ido nunca a trabajar, luego recordó que lo había añadido como manera de localizarla cuando solicitó el puesto vacante.
-Más o menos, señor. ¿Necesita algo?
-Sí- La respuesta la sorprendió-. Han asesinado a una persona.
La mano le temblaba ante la emoción de su primer caso mientras anotaba la dirección que le dictaba el policía.
Cogió las llaves de su coche en un rápido gesto y salió de la casa. Cinco minutos después se encontraba en el coche de camino al lugar del crimen. No se percató hasta que llegó de que se trataba de uno de los barrios más caros de la ciudad. Los edificios formaban urbanizaciones con distinto nombres, y dentro de cada conjunto de edificios había inmensas piscinas y cuidados jardines, además de gimnasios privados.
Dejó el coche aparcado en la calle, donde apenas había vehículos ya que los vecinos tenían aparcamiento privado y entró en un edificio de suelos de mármol blanco, brillante, con las paredes pintadas de azul. Entró en el ascensor y pulsó el botón del piso al que tenía que ir. Al abrirse las puertas pudo ver la entrada a la escena del crimen. Estaba acordonada y un par de hombres la vigilaban, del interior salían voces masculinas. No tuvo más que decir su nombre para que los guardas le dejaran pasar.
Se quedó paralizada en la puerta en cuanto vio la escena que se desarrollaba en el interior. No se fijó en los dos hombres que llegaron a su lado, únicamente tenía ojos para observar el cadáver, que se encontraba dentro del gran piano de cola que había en medio del enorme salón. Automáticamente adoptó una mueca, mezcla de asombro y pena.
-Es horroroso lo que le ha pasado.
Giró la cabeza al escuchar la voz y vio a los dos hombres que estaban junto a ella. Uno era Michael Smith. Los trece años que habían pasado, su pelo castaño se había cubierto de canas y había ganado algunos kilos, pero sus ojos seguían brillando con la misma seguridad y energía que entonces. Al otro hombre no le conocía de nada. Era joven y fuerte, alto, moreno de piel y pelo castaño oscuro, de corte militar. Sus facciones eran duras, presentaba aspecto de ser serio. Aquel hombre era atractivo, pero a la vez producía escalofríos. No tendría más de veinticinco años.
Estrechó la mano que le tendía Smith y esperó a que el otro hombre se presentara, pero no lo hizo, sino que la observó unos segundos y con el rostro todavía serio se acercó a inspeccionar el cadáver.
-No le des importancia- Le recomendó Smith-. Siempre es muy serio, pero hoy además está enfadado porque no le había dicho que iba a tener una compañera de trabajo. Le gusta trabajar solo.
-¿Quién es?- Inquirió la chica, ceñuda ante la desagradable reacción de su nuevo compañero.
-Se llama Jared Clapton.
-¿Clapton?- El apellido le sonaba. Trató de recordar el motivo- ¿El mismo Clapton que resolvió el caso de un asesino en serie él solo?- Hablaba en voz baja.
-Sí- Contestó su superior en el mismo tono de voz.
-¿No vivía en Armas City?
-Pidió el traslado después de aquello. Dijo que necesitaba un cambio de aires.
 La chica miró hacia donde estaba el cadáver, Jared Clapton lo observaba y tomaba fotografías. Un brazo colgaba inerte fuera del piano.
-¿Quién es la víctima?
-Ariadna Soto, la pianista. Su hija descubrió el cadáver hace una hora. Esperábamos a que vinieras para inspeccionarlo.
-¿Dónde está la hija?
-Jessica Polo está en la cocina con otro de nuestros agentes, se ha desmayado en cuanto hemos llegado y ahora está intentando tranquilizarse.
El inspector le tendió su placa y su pistola reglamentaria antes de permitir que fuera a hablar con la mujer, ella los guardó tras tocarlos durante varios segundos, ese era el comienzo de su trabajo en la policía.
La mujer era joven, más que ella. No parecía tener ni siquiera veinte años. Estaba sentada en una silla junto a otra mujer, la policía que la había acompañado hasta allí, las dos permanecían en silencio, Jessica Polo no cesaba de llorar, frente a ella había un vaso de agua que bebió de un trago.
A un gesto de Samantha, la policía se levantó de la silla y se acercó a ella. Solo habló cuando le mostró su placa. Todavía no la habían interrogado, pensaban esperar a que se tranquilizara.
La nueva policía regresó a la escena del crimen. Ya habían sacado el cuerpo del interior del piano y Jared Clapton lo empezaba a examinar, El inspector Smith estaba hablando con una mujer mayor, de unos cincuenta años, ligeras arrugas y pelo rubio claro. Llevaba una bata blanca, sin duda era la forense.
El inspector vio a la chica y le indicó con un gesto que se acercara.
-Esta es la doctora Oliveira, forense.
Las dos mujeres se estrecharon la mano. La doctora, la observó atentamente durante unos segundos, luego sonrió, tenía unos dientes muy bien cuidados. Antes de lo que la chica esperaba, la forense se acercó a examinar el cadáver. Había perdido mucho color y estaba completamente rígida. Cogió la cámara que le tendía Jared y comenzó a observar las fotografías, luego se acercó al cuerpo, que descansaba tumbado en el suelo, en la misma posición que cuando estaba dentro del piano. Era una mujer de metro cincuenta y poco peso, pelo corto por debajo de las orejas y de color rojizo. La expresión de su cara era de asombro y miedo, tenía unas largas uñas, pintadas de rojo. Una de ellas estaba rota.
-¿Cuál es la hora de la muerte, Oliveira?
-Hacia las diez de la noche. Murió por asfixia- La chica se acercó para ver el cuerpo-. Tiene los labios amoratados y una marca en el cuello.
Era cierto, la zona estaba del cuello estaba marcada por una línea que lo rodeaba y había algunas minúsculas gotas de sangre seca.
Samantha miró a su alrededor, No había nada fuera de u sitio, los sillones, de aspecto antiguo, se encontraban situados formando un semicírculo alrededor de la chimenea, entre la chimenea y los asientos se encontraba la mesa de madera., con un jarrón lleno de rosas en el centro. Enfrente del jarrón había un cuaderno de partituras abierto por una hoja con varias notas musicales escritas en negro, por más que buscó con la mirada, no encontró ningún bolígrafo por toda la sala. Se acercó al piano, dentro tampoco estaba.
-¿Qué buscas?
Jared se puso a su lado, la miraba, serio y aparentemente molesto.
-Un bolígrafo.
-¿Qué?
La miró con cara de risa.
-¡El bolígrafo! Mira- Señaló la mesa-. Ahí hay una partitura incompleta, pero falta un bolígrafo.
-No tiene por qué- Replicó el inspector Smith, que se había colocado detrás de ellos-. Podía estar estudiándola, tan solo.
-Además- habló Jared-, ¿qué prueba un bolígrafo?
Samantha era incapaz de comprender que se les escapara un detalle tan crucial.
-A ver- Comenzó-, si una persona piensa estudiar y mejorar algo, coge un bolígrafo o un lapicero por si se le ocurre una idea, apuntarla. Lo normal sería que tuviera un bolígrafo.
Se acercó a la mujer fallecida y le miró las manos. Ahí encontró la prueba de lo que estaba diciendo, tenía varias pintadas de tinta negra en los dedos. Orgullosa, se las mostró a los dos hombres. Smith sonrió, el otro no tuvo más remedio que reconocer que la chica tenía razón.
-La pregunta-Continuó-, es, ¿dónde se encuentra el bolígrafo? Lo más seguro es que lo cogiera quien asesinó a la pianista, pero, ¿por qué?
-Buena teoría- Aceptó Jared, y al instante sonrió, no fue una sonrisa agradable, sabía que después de aquello le pensaba lanzar una pulla-. Lástima que sólo sea eso.
-Pues explícamelo tú, entonces- Le contestó ella.
Era una chica a la que no le gustaba que darse callada. Él no supo responder.
-Bueno-Smith se metió en medio de la discusión, intentando pararla-, lo mejor será que llevemos a la hija de la víctima a comisaría, por ahora ella también es sospechosa.

1 comentario:

  1. Oye,que me lo he leído en nada xDD Que conste que eso solo me pasa con las cosas que me gustan mucho ^^ Está bien,y eso que a mí no me gustan los detectives...Sólo en la tele jajaja
    ¡Un beso!

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