¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

lunes, 23 de julio de 2012

Samantha Martin (1)

Esto que viene a continuación es una pequeña historia de detectives que escribí hace unos años. La verdad es que carece de complicaciones y llega a resultar bastante simple, pero me parece que tiene su gracia, porque fue el primer intento que hice con este tipo de novela. Como resulta un poco larga para publicarla en una sola entrada, iré subiendo partes del texto poco a poco. ¿Os apetece darle una oportunidad?
                         Dulce.

La víctima del piano de cola


Introducción:
Todos hablamos alguna vez de la historia de nuestra vida. Algunos cuando somos jóvenes, otros cuando ya apenas nos queda tiempo, pero todos tenemos algo de lo que nos sentimos orgullosos, a veces no es más que un pequeño detalle, otras veces se trata de un gran capítulo de nuestra historia. Nos sentimos alegres al hablar de ello, al comentarlo entre los nuestros. En ocasiones una situación de la que nos avergonzamos se convierte, con el paso de los años, en la situación de la que más nos reiremos. Al ser humano le gusta vivir y compartir esa vida con otros seres, conocidos, amigos, familia. A ella le arrebataron la parte más importante de su familia, el pilar sobre el que estaba construida el resto de ella.
Samantha no tenía ni siquiera diez años cuando todo sucedió.
Aquella mañana, su madre se comportaba como de costumbre. La despertó una hora y media antes de que empezara el colegio y le partió un trozo del bizcocho de chocolate que había sobrado el día anterior. Le sirvió la leche y observó cómo comía. Después de que se pusiera el uniforme, aquella ridícula falda gris que había odiado siempre, la llevó a la escuela. La última vez que la vio, se estaba despidiendo de ella desde el coche, con aquella enorme sonrisa que tenía siempre, deseándola que se lo pasara muy bien en la excursión al museo a la que les iban a llevar.
Durante el día le fue muy bien, no se acordó de otra cosa que no fuera divertirse hasta que regresó por la tarde al colegio. Allí la esperaba el marido de su madre, un hombre al que siempre había considerado su padre. Se despidió de sus amigas y entró en el coche con él. Se sorprendido cuando descubrió que no se dirigían a casa, sino al hospital. Entonces empezó a comprender, su madre trabajaba en la policía, en el departamento de homicidios. Le había ocurrido algo. No, borró esa opción de su mente, su madre no salía de la comisaría, se quedaba allí y desde su despacho ayudaba a resolver crímenes. De repente, recordó que aquel día su madre iba a participar en una investigación acompañando al detective Smith.
Intuyendo lo que estaba pensando, su padre habló.
-Tu madre…- La voz se le quebró- ha tenido un problema.
-¿Qué clase de problema?
El hombre suspiró y esperó a terminar de aparcar para contárselo. Aquellos segundos pusieron de los nervios a la chica.
-Alguien le ha disparado, en la cabeza- Se notaba su dolor cuando añadió-. Lleva una hora en coma.
La piel completamente blanca de la chica se puso aún más pálida y sus ojos se inundaron, llegando a desbordarse. Abrió de golpe la puerta del coche y salió de él. Aterrada ante la idea de lo que pudiera ocurrirle a su madre, siguió a su padre hasta la habitación donde se encontraba ella. Pero la enfermera no les dejó pasar, Sidney Martin ya había fallecido.


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