¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

martes, 31 de julio de 2012

Entre tú y yo.

Una vez más, te tengo frente a mí.
Siempre me quedo callada por miedo a los enfados, aún sabiendo que a ti te da igual, que hablas a mis espaldas y no dejas de dormir por las noches por ello. Pero ya está bien.
Yo no iré a susurrar, sino que lo diré todo alto y claro, para que lo escuche quien quiera escucharlo.
Ya está bien. basta de estupideces, de hablar de mí, criticando lo que hago porque no estás de acuerdo con ello, porque sabes que tu vida no es más que un eterno conflicto que ni siquiera sabes controlar pero que, pese a ello, continúas intentando influir en la mía, como si pensaras que ahí puedes hacerlo mejor que con la tuya propia.
Basta de miradas por encima del hombro, como si fuera inferior a ti, porque, ¿sabes? Precisamente gracias a esas miradas puedo decir que eres tú quien se encuentra por debajo, que aunque intentas aparentar que no me tienes envidia o que, como mínimo, no me consideras digna de tu presencia, demuestras que en realidad no es así con tus gestos y con los simples murmullos que dejas escapar sobre mí.
Todos tenemos nuestra vida. Yo la mía la comparto con mis amigos, con la gente a la que quiero y en quienes confío. ¿Te consideras parte de ese reducido grupo? No, ¿verdad?
Pues a incordiar a otro.

Bueno, esto de aquí es algo en lo que recientemente no pienso mucho, pero me ha dado por rememorar momentos en los que la falsedad ha logrado imponerse. creo que este texto es algo con lo que muchos podríamos sentirnos identificados. Si fue en el pasado, me alegro de que acabara. Si es en el presente, espero que esto os ayude a pensar y plantarle cara.
Un saludo!

lunes, 30 de julio de 2012

Samantha Martin (4)


Capítulo III (parte 1):
La chica se levantó de su asiento y se acercó al hombre, llegó frente a él antes de que pudiera acercarse más a la mesa. Le saludó con un apretón de manos y una sonrisa. Pocos minutos después caminaban en dirección al restaurante más cercano. En realidad era un bar con carta de sándwiches, hamburguesas y raciones variadas.
Se sentaron en una mesa libre y pidieron la comida. La conversación comenzó mientras esperaban a que la sirvieran.
-¿Qué tal tu primer día?
Samantha sonrió, aquella era la pregunta que esperaba.
-Acabo de llegar y ya estoy investigando un asesinato.
-¿Qué ha pasado?
-Asfixiaron a la víctima y la metieron en su piano. Ya te enterarás del resto en la televisión.
-¿Era famosa?
Acababa de despertar la curiosidad de su padre. Asintió con la cabeza.
-Era Ariadna Soto- Susurró.
El hombre abrió la boca al máximo, los ojos parecían a punto de salirse de sus cuencas. Iba a decir algo, pero la chica se adelantó.
-No quiero hablar de eso ahora, me he pasado todo el día interrogando a los posibles asesinos.
John no se daba por vencido.
-¿Quiénes son esos?
Samantha no tuvo más remedio que enumerarle los nombres a su padre.
-¿Y quién crees que ha sido?
La chica se pensó la respuesta.
-No tengo ni idea- Confesó al final.
La camarera regresó con una hamburguesa con queso y un sándwich vegetal en el mismo momento en el que Jared entraba en el local. La vio nada más sentarse en la barra, pero creyó que ella no se había dado cuenta. Pronto Smith y otros policías de su departamento también estuvieron frente a la barra. El inspector saludó con un gesto a John, se conocían desde antes de lo que la chica pudiera recordar. El padre de la policía respondió del mismo modo. Entonces se fijó en el chico.
-¿Quién es el chico que está sentado en la barra? Estaba contigo en comisaría.
Samantha miró hacia donde le indicaba su padre.
-Jared Clapton, el que atrapó al asesino en serie. Mi compañero.
-Mira mucho hacia aquí.
-Que haga lo que quiera.
La chica regresó a su sándwich y para su desesperación, su padre continuó con el tema.
-¿No te cae bien?
-No es exactamente así.
-¿Entonces?- La instó a seguir.
-Cuando me he presentado por la mañana, ha pasado de mí como si no existiera, luego ha intentado dejarme de lado para visitar a los sospechosos y antes de que tú llegaras me estaba invitando a comer- Hizo un gesto dando a entender que el motivo le parecía más que obvio-. Debe de tener un problema de personalidad, porque si no, no lo entiendo.
-Pues vamos a llamarle.
Las palabras del hombre provocaron que la chica estuviera a punto de atragantarse. Antes de que le diera tiempo a impedirlo, John Million llamó al policía.
-¡Clapton!- El chico les volvió a mirar- Siéntate con nosotros.
Para mayor vergüenza de Samantha, su padre cogió una silla y la puso junto a la mesa, por lo que el chico fue incapaz de rechazar la invitación. En pocos segundos, se sintió observada por los dos hombres.
-¿Qué tal?- Saludó.
Estaba tan avergonzada por la situación que fue incapaz de apartar la vista de su comida.
-Bien, gracias.
Jared tenía tan poca idea de lo que quería el padre de la chica como ella. Como si no se percatara de ello, John se presentó al joven, que le miró durante unos instantes con los ojos abiertos.
-¿Es usted el hombre de negocios?
John comenzó a reír.
-No esperaba que un chico de tu edad me reconociera.
El policía se encogió de hombros y no dio ninguna explicación. Fue cuando el padre de Samantha se dio cuenta de que no había pedido nada de comer. Levantó el brazo y le hizo una seña a la camarera para que se acercara a la mesa, ella acabó de atender a otros clientes y llegó al lado de los hombres. El mayor de ellos invitó al otro a que pidiera lo que le apeteciera, hablando casi a gritos e insistiendo cuando el chico no sabía si aceptar la invitación o no. Aquella situación era de lo más vergonzosa para la chica, que sentía las miradas de muchos de los presentes clavadas en ellos tres, a causa del ruido que hacían. Por suerte el momento pasó pronto y su rostro no tardó en recuperar su color habitual. De nuevo las miradas de los dos sobre ella, que no sabía qué hacer o decir. No creía su suerte cuando recibió una llamada en el móvil. Contenta por poder alejarse de allí unos minutos, se levantó y se alejó para contestar. Cuando regresó a la mesa, los otros dos ya habían empezado una conversación en la que prefirió no entrar. Se disculpó sin saber por qué tenía que hacerlo y salió del bar. Su horario de trabajo ya había terminado y a pesar de ser su primer día, no creía tener más energía en el cuerpo, lo único que hizo antes de marcharse, fue subir de nuevo a su departamento y coger la libreta de notas.
 Su coche plateado estaba aparcado frente a la puerta de la comisaría, montó en él. Aquella mañana no se habría imaginado que le fuera a alegrar más el marcharse de ese lugar que el llegar.
Entró en su casa y se tumbó en el sofá rojo, con la cabeza apoyada en uno de los brazos del mueble y los pies en el otro. El caso la intrigaba demasiado, seguramente por ser el primero que debía resolver. Sabía que debía empezar con buen pie su trabajo, sería lo que dejara una buena primera impresión y que la víctima fuera una mujer conocida significaba que cuando la prensa comenzara a anunciar la noticia, harían lo posible por averiguar de qué forma marchaba la investigación. De nuevo repasó las notas, las estuvo leyendo y releyendo durante más de una hora, pero seguía si hallar en las palabras de ninguno de los sospechosos el más leve comentario que le delatara. Se maldijo a sí misma, era incapaz de comprender el hecho de que fuera tan difícil hallar a un asesino entre tres personas.
Hacía un rato que se había dado por vencida y había comenzado a ver la televisión cuando el teléfono sonó. Era su padre.
-¿Acabasteis ya de comer?
No tenía interés en la respuesta a la pregunta.
-Sí- Escuchó al otro lado-. No veo por qué te cae mal, es muy simpático, Samie.
Creyó haber oído mal.
-Papá, es un prepotente y un chulo que cree que puede hacerlo todo solo.
-Únicamente te estaba poniendo a prueba. Ha admitido que es serio, pero no esperaba que te enfadaras tanto cuando iba a hablar con la representante.
Aquello último la molestó de verdad.
-¿Piensas ponerte de su parte?- Casi gritaba- Además, ¿habéis estado hablando de mí? ¡Pero a ti como se te ocurre!
-No grites- John mantenía toda su tranquilidad, sabía como tratar a su hija cuando se enfadaba-, solamente le he preguntado el por qué de su comportamiento, quería saberlo para decidir si debía entrometerme o no.
-No- Negó ella, más tranquila y se tumbó otra vez, se había levantado de un saltó antes-, no debías haberlo hecho, y menos para entrometerte luego. Es mi vida- Recalcó esas palabras- y puedo controlarla yo sola. ¿No habéis hablado más sobre mí?
-No, el resto de la conversación ha girado en torno a mi trabajo, ese chico sabe muchas cosas. ¿Por qué te has ido?
-Estaba cansada y vosotros dos estabais hablando, así que pensé que no os importaría.
El hombre quería continuar con la conversación, pero su secretaria le avisó de que su reunión iba a empezar. Se despidió a regañadientes.

domingo, 29 de julio de 2012

Ella permanece sin vida.

Ella permanece sin vida, sumida en el sueño eterno.
La enredadera crece, envolviendo, mes tras mes y sin descanso, su imagen de mármol, la que representa lo que fue cuando el mundo le pertenecía.
¿Qué contarían esos labios de piedra si pudieran cobrar vida?
Recordarían los besos de quien, por cuya culpa, no volvió a ver el día.
Besos traicioneros llenos de promesas que, sin fuerza, se extinguieron.
Besos de celos infundados que, sin comprobarlo, creyeron las mentiras de engañosas arpías.
Besos de ternura y pasión que perdieron el fuego y también la razón.
Ella le quería, pero él estaba cegado de rabía vacía.
Vio cómo a su amigo miraba y la duda creció donde antes la seguridad se hallaba.
Besaba sus besos, acariciaba su cara; pero el tiempo demostró que ya no la amaba.
Escuchó susurros que debió olvidar, hizo caso a gente que le quería traicionar.
Una noche, en medio de un baile, su amigo y ella bailaban; sus risas, de oscuridad le llenaban.
Se acercó a ella, espada en mano y la mató delante de cientos de invitados.
Su amigo corrió a defenderla pero no pudo evitar encontrarse de frente con el mismo final.
Loco de tristeza ante lo que había hecho, cogió su arma y se la clavó en el pecho.
¿Qué contarían esos labios de piedra si pudieran cobrar vida?
Cómo la tragedia terminó con su alegría.

sábado, 28 de julio de 2012

Novedades (5)

¡Buenas tardes!
Ante todo, agradeceros a los lectores del blog vuestro tiempo invertido aquí y vuestros comentarios, que de veras no imagináis lo mucho que los aprecio =)
Quería comentaros, ya que he visto que os gustan los poemas que escribo, que la entrada de mañana va a ser un poco especial. La tenía programada desde hace ya unos días y, al fin, tras muchas ganas de que le tocara su turno, se dejará caer por aquí. ¿Por qué es especial? Porque es un poema en prosa, es decir, es como mis relatos, pero con rima.
Es la primera vez que hago algo así y no sé qué pensaréis al respecto, pero al terminarlo me quedé con una sensación bastante buena.
Ya sabéis que, sea cual sea vuestra opinión, estaré encantada de poder conocerla.
Un besito!

Pasado, futuro.

Nada que decir y nada que pensar, el mundo no cesaba de girar.
Se había marchado de allí años atrás, queriendo olvidar su pasado, ese amor que le había destrozado la vida, convirtiendo todos sus momentos en pesadillas. Ahora, mientras regresaba, cargada de un valor que creyó que no tendría jamás, lo único que distinguía y que no había cambiado durante todo aquel tiempo era la fuente de la plaza central, donde comenzaba a crecer el musgo.
Veía pasar junto a ella a sus antiguos vecinos y se asombraba de los cambios que el tiempo había obrado en ellos: nuevas arrugas y adolescentes que ella recordaba con pocos años. 
Él se había marchado y por eso, ella estaba de vuelta. Sabía que no iba a volver, porque era imposible salir de la tumba que él mismo se había cavado por medio de sus vicios y su mal genio, creándose enemigos y nuevas adicciones.
Todo lo que ella había deseado durante años había sido una vida mejor y la había conseguido en la ciudad, encontrando un trabajo que le había reportado dinero y nuevas amistades, pero no por ello dejó de extrañar su casa, que de nuevo tenía frente a ella.
Su aspecto victoriano era una de las pocas cosas que no habían cambiado con el paso de los años, ni el color blanco de las tablas de madera, tan limpio como el día en que se fue. Un perro ladró desde el interior y la puerta se abrió, sus padres y su hermano corriendo hacia ella, abrazándola.
Allí, su futuro iba a reunirse con su pasado, pero esta vez, nada podría empañar su felicidad.

viernes, 27 de julio de 2012

Espera.

Ya he perdido la cuenta de las veces que miro el teléfono, esperando que me mandes un mensaje, que me demuestres de alguna manera que te acuerdas de mí, que te importo, aunque sea de una forma distinta a la que quisiera.
Sentada en la barandilla del balcón, con la espalda posada en la pared, el único punto de apoyo que tengo mientras permanezco suspendida en el aire, a excepción de la barra metálica sobre la cual estoy, pienso en ti. Miro al horizonte, viendo las suaves tonalidades doradas del follaje del bosque que se extiende a apenas unos kilómetros de mi casa.
Desde que nos despedimos, han pasado tres estaciones y recuerdo cómo, al principio, me llamabas todos los días, me dejabas escuchar la gravedad de tu voz y la dulzura de tus palabras. Pero eso terminó hace ya dos meses, cuando me anunciaste que lo nuestro, a tanta distancia, no avanzaba. Habías encontrado a alguien que estaba a tu lado todos los días y no soy capaz de culparte por eso, ni siquiera te culpo por no poder olvidarte.
Hay mañanas en las que me despierto entre las sábanas y revivo los momentos que pasé a tu lado, en otra cama distinta, con tu sonrisa correspondiendo la mía. En esa época, tenía una alegría de la que ahora carezco, sustituida por el hastío vital que nunca me abandona.
El suave viento de principios de otoño acaricia mi cara, devolviéndome a la realidad.
Suspiro, rogándome a mí misma que termine esta espera.
Rogándome a mí misma que te olvide ya.

jueves, 26 de julio de 2012

Guerra.

Siente el viento que mueve las nubes,
oye los lamentos y huele el azufre.
Pasa el tiempo y cambia la estación,
pero este verano carece de color.
Se acerca el otoño y aumenta el miedo,
fuera hay gente que está muriendo.
Llegan las bombas y suenan los gritos,
en un segundo, cesan miles de latidos.
Ellos corren, intentando escapar;
no saben que nadie les puede ayudar.
Están en un mundo de miseria y terror,
una guerra nacida de una traición.
Las casas de cemento se vienen abajo,
no hay alimentos, no queda trabajo.
Mires donde mires hay niños muertos,
la ciudad es ahora un festín de cuervos.

miércoles, 25 de julio de 2012

Samantha martin (3)

Capítulo II:

-Yo había quedado hoy con ella- La chica seguía sollozando, sentada en la mesa de la sala de interrogatorios-, íbamos a desayunar en el centro comercial. El reloj de mi móvil está estropeado y se cambia de hora solo, así que llegué diez minutos antes de tiempo creyendo que era la hora a la que habíamos quedado, al llamar a la puerta me sorprendió que no abriera, porque siempre es muy puntual, así que usé las llaves que tenía yo para abrir la puerta y…

martes, 24 de julio de 2012

Samantha Martin (2)

Capítulo I:
Samantha se levantó de la cama a la vez que se secaba las lágrimas que había derramado dormida, sin olvidar lo que había soñado, otra vez. De nuevo la muerte de su madre.
Habían pasado casi trece años y seguía teniendo las mismas pesadillas que entonces, a pesar de las múltiples terapias a las que había asistido de pequeña. Y justo tenía que haber ocurrido de nuevo ese día, cuando comenzaba a trabajar en la misma comisaría en la que había estado ella.

lunes, 23 de julio de 2012

Samantha Martin (1)

Esto que viene a continuación es una pequeña historia de detectives que escribí hace unos años. La verdad es que carece de complicaciones y llega a resultar bastante simple, pero me parece que tiene su gracia, porque fue el primer intento que hice con este tipo de novela. Como resulta un poco larga para publicarla en una sola entrada, iré subiendo partes del texto poco a poco. ¿Os apetece darle una oportunidad?
                         Dulce.

La víctima del piano de cola


Introducción:
Todos hablamos alguna vez de la historia de nuestra vida. Algunos cuando somos jóvenes, otros cuando ya apenas nos queda tiempo, pero todos tenemos algo de lo que nos sentimos orgullosos, a veces no es más que un pequeño detalle, otras veces se trata de un gran capítulo de nuestra historia. Nos sentimos alegres al hablar de ello, al comentarlo entre los nuestros. En ocasiones una situación de la que nos avergonzamos se convierte, con el paso de los años, en la situación de la que más nos reiremos. Al ser humano le gusta vivir y compartir esa vida con otros seres, conocidos, amigos, familia. A ella le arrebataron la parte más importante de su familia, el pilar sobre el que estaba construida el resto de ella.
Samantha no tenía ni siquiera diez años cuando todo sucedió.

Novedades (4)

¡Hola!
Como ya va siendo normal, esta sección de novedades vuelve a ir referente a la página de Samantha Martin y es que, como al estar en una página aparte la publicación queda muy larga, he decidido cambiar el método.
Borraré la página y publicaré todo el contenido que ya hay en entradas etiquetadas. De ahora en adelante, haré lo mismo con las siguientes publicaciones de esta historia, así que espero que os resulte más cómodo leerlo.
¡Un saludo!

Décadas.

Tenía una entrada de cine sujeta entre los dedos. Era una de esas entradas antiguas, alargada y con las letras borrosas, por lo que no era fácil identificar el título de la película. Aunque no era eso lo que estaba haciendo, sabía perfectamente cuál era el largometraje, ella lo había visto.
Con la mirada perdida al otro lado de la ventana, esbozó una sonrisa agridulce y después se levantó y se miró al espejo. Ya no era joven, su piel estaba surcada de arrugas, pero ese trozo de papel seguía con ella, devolviéndole a la memoria, cada mañana, la noche en la que conoció a Joe. Era joven entonces, tanto como ella, posiblemente se enamoraran tan apasionadamente por ese motivo.
La puerta crujió y ella se giró, sonriendo al ver unos ojos azules que no habían perdido su brillo.
Las décadas habían pasado para todos, pero ellos seguían juntos.

domingo, 22 de julio de 2012

Confesiones.

Suenan las campanadas y las puertas se abren.
No esperaba verte aquí, pero tampoco esperaba que llevaras esmoquin y salieras de la mano de una novia vestida de blanco.
No me malinterpretes, sé que lo nuestro acabó hace mucho tiempo y sin embargo, no por ello he dejado de sentir lo mismo que entonces, ese cosquilleo en el estómago al pensar en ti. Y también todo ese dolor en el pecho al ver las fotografías de nuestro pasado en común.
No me creerás, lo sé, pero no te guardo rencor, nunca lo hice. Te veo ante mí y sé que eres feliz, que en este preciso instante solo eres capaz de pensar en ella y no en mí, en lo que tuvimos.
No te confundas si estoy llorando, no te compadezcas de mi dolor.
Algún día recuperaré la sonrisa, cuenta con ello.
Ella te espera, vuelve a su lado.

sábado, 21 de julio de 2012

Novedades (3)

¡Buenos días!
¿Qué tal marchan las vacaciones?
Una vez más, en el apartado de Novedades, os quería comentar que he incluido más texto en la página de Samantha Martin, Así que los que estéis interesados... ¡Disfrutadlo!

No llores.

No llores sin consuelo si pierdes lo que va, 
si sientes que se acaba, que al fondo está el final.
No llores de tristeza cuando las sombras te acechen, 
porque no tiene sentido que los miedos vuelen.
No llores de nostalgia si ves a alguien partir,
porque ten por seguro, que no se olvidará de ti.
No llores de rabia si alguien te quiere herir,
porque los crueles habitan allí donde se puede vivir.
No llores de amargura si no te elige a ti,
porque encontrarás lo que buscas, sé paciente y sé feliz.
No llores si piensas que tienes razón,
las verdades se demuestran con actos, no con una emoción.
No llores si ves que algo está mal, 
si de veras tienes ganas, lo puedes arreglar.
No llores si escuchas una triste canción, si te gritan, si te humillan,
 pronto se irá el dolor.

viernes, 20 de julio de 2012

¿Y si te busco y no te encuentro?

Hay cartas que no deberían ser escritas, pero hay otras que solamente deberían ser enviadas.
¿Recuerdas nuestra casa?
No me refiero al edificio, sino al lugar. A ese paraje de extraordinaria belleza situado en medio de las montañas, donde todos los edificios estaban esculpidos en piedra y las cascadas caían desde lo alto de las rocas, produciendo ese sonido que a ti tanto te gustaba, ese al que estabas acostumbrado y al que, pese a mi deseo de tranquilidad y silencio, hiciste que yo también me acostumbrara. Echo de menos el verdor de la hierba, el sonido de las aves volando en bandadas y las escarpadas cimas que se veían desde mi ventana. Del mismo modo que echo de menos todo ese lugar ideal, alejado del mundo.
No lo has olvidado, ¿verdad?
Esta carta no te llegará jamás, no perdí tu dirección, es que al marcharte, no llegaste a dármela, porque no tenías ningún lugar al que ir. Decidiste vagar como un nómada sin rumbo y nadie te lo pudo impedir, pese al desconsuelo de saber que, posiblemente, no volveríamos a verte.
Solo espero que alguna vez nos encontremos en el camino porque, ¿sabes una cosa?
Yo también abandoné mi hogar. Aunque en mi caso, no buscaba aventuras, solo te busco a ti.
Ahora, mientras recorro ciudades donde los ruidos del tráfico y las obras me martillean en los tímpanos y donde el vuelo de las aves ya no se oye, mi único objetivo es hallarte. Y, sin embargo, por las noches me despierto, aterrada porque me asalta el temor que tengo desde que partí en pos de ti.
¿Y si te busco y no te encuentro?

jueves, 19 de julio de 2012

Apariencia y realidad.

¿Alguna vez has abierto los ojos a la realidad? ¿Has mirado el mundo como lo que es, y no como lo que parece ser?
Parece que cada cosa es independiente de las demás, que no hay nada que las una, ni un punto en común entre la ficción y la verdad, entre la apariencia y la realidad.  Pero, ¿Qué pasaría si te digo que no es así?
Solo tienes que mirar lo que te rodea para comprobar que las cosas son más que aquello que se ve a simple vista, que hay un mundo dentro del mundo que vemos.
Que a veces, las palabras significan más de lo que dan a entender, porque no es el conjunto de letras lo que le da el significado, sino la forma en la que es pronunciada.
Que a veces, un gesto no es un mero movimiento, sino una indicación de que todo va a salir bien, o de que hay cosas que nunca volverán a ser como antes.
Que a veces, una mirada es más que encontrar por casualidad los ojos de otra persona clavados en los tuyos, sino una forma de comunicación que abre muchas más puertas que las palabras.
Que a veces, una lágrima, no es de tristeza, sino de felicidad ante algo maravilloso que está ocurriendo y que quizás tú te estés perdiendo.
Todos solemos permanecer con los ojos cerrados ante esta clase de cosas, que suceden día a día pero que pasan totalmente desapercibidas porque nos negamos a complicarnos, a intentar descubrir más de lo que podemos ver. Y en ocasiones, sería mejor pasar de lo cotidiano, de lo que está presente en todo momento y conocemos ya en profundidad. En esas ocasiones, es cuando deberíamos fijarnos mejor. Y solo así, tal vez, descubrir las cosas maravillosas que nos estamos perdiendo.

miércoles, 18 de julio de 2012

En el mundo de los sueños.

Los sueños se arremolinaban a su alrededor, como pompas de jabón rellenas de imágenes idílicas de lo que podría haber sido. Lo último que hubiera esperado en la vida era llegar al lugar donde se controlaban los deseos, pero allí estaba ella, caminando sobre las nubes, espiando sin que nadie se diera cuenta las burbujas que contenían los anhelos de quienes la rodeaban y de mucha más gente a la que no conocía.
Podía oler las fragancias dulces que despedían esos sueños, del mismo modo que podía sentir su calidez mientras se iba acercando a las frágiles esferas.
Y de pronto, como salida de la nada, allí estaba su pompa, la que contenía aquello que más ansiaba. Se acercó, y, con lágrimas en los ojos, espió su interior, recordando una época en la que realmente había tenido esperanzas. Se vio a sí misma en medio de un montón de gente, pero solo había una persona que le importaba y era quien, precisamente, se estaba acercando a ella.
Sin dejar de llorar, se alejó de la imagen, queriendo olvidar ese rostro que había visto tan cerca del suyo, ese aroma tan familiar, pese a que hacía años que había perdido a su portador.
Era cierto que estaba en el mundo de los sueños, porque eso que había visto no podría hacerse realidad. Él se había marchado, dejándola sola en medio de demasiada gente. y no iba a volver.
Quiso correr, alejarse de todo aquello lo más rápido posible, pero otra parte de ella la obligó a sentarse sobre las nubes que hacían las veces de suelo, rodeada de las burbujas que flotaban a su alrededor, moviéndose como si el viento las meciera. Si se marchaba de allí, perdería lo único que le quedaba. Si se iba, perdería la alegría del pasado, la inocencia que había tenido al pensar que nada podría cambiar lo que había sido. Regresaría a un mundo de dolor e incertidumbre.
No, decidió, todavía tenía tiempo para estar en el mundo de los sueños, observando los de los demás, imaginando las historias que habría detrás de cada uno de ellos.
Quizás, así olvidara lo que había perdido.

sábado, 14 de julio de 2012

Cambios.

Duele saber la verdad, o eso es lo que él piensa mientras camina por la acera, cubierta de nieve, que emite un suave crujido cuando sus botas la pisan.
Duele saber que nada era como lo imaginabas, que las personas a las que querías, en quienes confiabas, no han sido nunca como pensabas que eran. Duele darlo todo por alguien especial y que, a la hora de la verdad, esa persona te deje tirado como un chicle que pierde el sabor.
Aunque lo que más, duele, piensa mientras entra en la calidez de la cafetería a la que va siempre, es saber que nada va a volver a la normalidad, porque sería imposible después de este último desengaño. Y es que las palabras que se han dicho han dejado claras muchas más cosas de las que él esperaba.
Se sienta en una mesa y, como todos los días, pide un café, cargado y con mucha espuma.
No va a llorar, para empezar, porque no está dispuesto a hacerlo y para seguir, porque no puede, algo que no conoce le impide hacerlo, como si ya tuviera la certeza de que las cosas iban mal antes de que sucediera aquello y ahora supiera que derramar lágrimas no serviría para arreglarlo. Y quizás es mejor así, dejar las cosas como están, en lugar de seguir sufriendo.
La camarera, la misma chica joven y atractiva de siempre, se acerca a la mesa en la que se ha sentado y le sirve el café, el aroma le sube hasta la nariz y aspira, disfrutando de él.
El sol sale entre un par de nubarrones e ilumina la calle, aportándole algo de calidez. Es una especie de señal, piensa él, todo va a salir bien.

jueves, 12 de julio de 2012

Distancias.

Aquí me encuentro, sola, perdida, buscando el valor para acercarme. Hace meses que no hablamos. ¿Cuántos? ¿Tres? ¿Cuatro? Echo de menos nuestras charlas, las carcajadas provenientes originalmente de una simple sonrisa.
Mirándote desde lejos, me pregunto qué estás pensando, si recuerdas nuestra última conversación. Fue tranquila, agradable, sin rastro de incomodidad o enfado. Simplemente, de pronto, nos distanciamos.
Veo cómo me miras y te observo en silencio mientras te acercas. El corazón me empieza a latir con fuerza y cuento tus pasos hasta que te tengo justo enfrente.
-Hola- Dices, y siento cómo la tensión nos envuelve.
Me esfuerzo por diluirla, pero mi tono de voz no es lo que esperabas. Noto cómo, aunque estés tan cerca de mí, empiezas a distanciarte.
Durante unos segundos que me parecen horas, nos miramos. toda mi atención se ha centrado en tus ojos marrones. Separas los labios y veo que vas a hablar, pero tan pronto como tengo esa impresión, tú vuelves a juntarlos.
Quiero oír tu voz grave, sin embargo, justo cuando voy a pedirte que me digas algo, suena la campana, palpitando en mis oídos. Ambos sabemos que la oportunidad ha pasado.
Con una sonrisa agridulce y un gesto de cabeza, te despides.
Y yo temo que la distancia sea ya insalvable.

lunes, 9 de julio de 2012

Pertenencia.


Pertenezco a este lugar, mi mente lo sabe y mi cuerpo también. Noto la sutil vibración de todo mi cuerpo a medida que me acerco al sitio en el que nací, rodeado de ese halo de misterio que solamente el bosque puede conceder.
Veo pasar a mi alrededor toda clase de hermosas criaturas que nada tienen que ver con las que se mencionan en los cuentos de hadas. Son hermosas, pero si me acerco demasiado a ellas, descubriré que también son letales.
Los aullidos del viento a mi alrededor son escalofriantes para todo aquel que no los ha oído con anterioridad, pero para mí, que estoy acostumbrada a sentir su fuerza en la piel, no es más que la banda sonora de mi vida, una banda que también incluye el susurro de las hojas y el crujido de las ramas al partirse.
El bosque es un caos y yo formo parte de él.
Mis compañeros me miran camuflados desde los lugares más insospechados. Algunos poseen una piel áspera como la madera y otros, dura como las rocas. A diferencia de ellos, la mía puede disolverse si así lo deseo.
El rumor del río se escucha cada vez más alto, hasta que se convierte en un auténtico jaleo. Yo me voy acercando a él, lenta y con una sonrisa en el rostro. Hundo mis pies en el agua transparente y noto cómo las partículas comienzan a mezclarse.
Dejo escapar un suspiro de felicidad.
Era hora de que volviera a casa.

viernes, 6 de julio de 2012

Novedades (2)

¡Hola a todos!
No se si os habréis dado cuenta ( la verdad es que no me extrañaría que no, porque al ser una pestaña aparte, es más dífícil ver las actualizaciones), pero el apartado de Samantha Martin sigue creciendo.
A todos los que os pueda interesar, os animo a que lo visitéis y expreséis vuestras opiniones.
        
                                DULCE.