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martes, 5 de junio de 2012

Sola en casa.


No había luna y hacía frío, mucho frío. No se oía un solo sonido en la calle y los árboles, desprovistos de hojas, se alzaban dando al lugar un aspecto siniestro.
La chica, Mell, era alta, de pelo rubio platino a la altura de los hombros y ojos grises. Era uno de los bombones de su instituto. Sacó las llaves de su bolso última moda y las introdujo en la cerradura. La puerta se abrió, lenta, chirriante. Un olor extraño llegó hasta su nariz, azufre. Encendió la luz mientras tosía. El resplandor iluminó un salón abarrotado de libros, revistas y botellas de refrescos. Sus padres se habían ido de viaje dos días antes e iba a estar sola dos semanas, no podía pedir nada mejor. Se tiró sobre el sofá y encendió la televisión, en la pantalla aparecieron los anuncios.
“Que coñazo” pensó Mell.
Decidió llamar a su mejor amiga, Elena. El teléfono no funcionaba. Al colgar se dio cuenta de que la televisión se apagaba y se encendía sola, continuamente. Molesta, se acercó al aparato para comprobar si estaba bien enchufada. Movió la pantalla y apartó la mano, con un grito. Allí, entre los cables, había una mano rodeada de un charco de sangre. Se miró la suya, horrorizada. Sus dedos estaban manchados de aquella sangre, roja y espesa. Ahogando un grito, se limpió en lo primero que vio: la tapicería del sofá.
Cogió su teléfono móvil, más dispuesta que nunca a llamar a la policía y fue cuando empezó a asustarse; le había cargado la batería aquella mañana y, no sólo se había apagado repentinamente, sino que no podía encenderlo. Nerviosa, probó de nuevo, pero los dedos le temblaban hasta el punto que se le cayó al suelo y se rompió la pantalla.
Una gota de sudor frío le recorrió la frente. Quería gritar, pero no le salía la voz para hacerlo. Intentó abrir la puerta que daba acceso al jardín pero le resultó imposible.
Algo se rompió en el piso de arriba, escuchó el sonido de la porcelana al chocar contra las tablas de madera y supo que aquello había sido el jarrón que tenía en su dormitorio. No quería ir, no quería averiguar qué se había colado en su casa, pero algo la empujó a subir las escaleras y entrar en su dormitorio. La luz no se encendía, pero la luna entraba a través de las puertas de cristal del balcón; puertas que estaban abiertas. Pasó junto al jarrón roto, el agua esparciéndose en el suelo, mojando las rosas que descansaban entre los trozos de porcelana.
Atravesó el umbral y salió al balcón. Allí, como siempre, le invadía una sensación de paz sin límites, olía el aroma de las flores del jardín y le daba el viento fresco en la cara. Debido al miedo, el frío de la calle no le molestó, sino que le ayudó a despejarse. Sabía lo que tenía que hacer, no estaba indefensa; tenía un bate de béisbol debajo de la cama, solamente tenía que cogerlo y buscar a quien estuviera allí con ella. Justo cuando la idea cruzó su mente, sintió las manos en la espalda.
Antes de poder gritar, estaba cayendo, viendo el césped cada vez más cerca.

Dos días después, sus padres llegaron a la casa, la policía iba con ellos. El olor de la casa era dulce, familiar y acogedor, no había ninguna mano ensangrentada detrás del televisor y su teléfono estaba encendido, a pesar de los trocitos de cristal que se habían desprendido de la pantalla.
Nadie les había contestado al teléfono cuando habían llamado, ni a los mensajes que habían enviado. Y pudieron comprobar el motivo.
La chica estaba tirada en el césped, justo donde había caído. Una brecha le atravesaba la sien justo donde se había chocado contra una de las piedras del camino. Sus ojos permanecían abiertos, inundados aún en pánico.
    Fin.

¡Hola!
Este relato lo he encontrado hoy mientras rebuscaba en el ordenador. Lo comencé a escribir hace unos tres años y me había olvidado de él hasta el otro día que lo recordé de repente y empecé a mirar a ver dónde lo tenía.
¿Qué os parece?
                                    Dulce.
                             

6 comentarios:

  1. Hola, está muy chulo el relato. Las historias así de fantasmas o espectros o cosas raras que hacen ruido, te tiran y bla bla bla, me gustan. Están guays esos temas. Eres una gran escritora y las pocas entradas que he leído me están gustando, espero que siga así. ;)

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    Respuestas
    1. Gracias =)
      Espero que las demás te sigan gustando =)

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  2. Guau :O Es... escalofriante xD Y muy guachi :3 ¡Si es que a quién se le ocurre ir a un balcón! No ha visto muchas pelis de miedo (?)
    Besos <3

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  3. Hola cielo!
    Me produjo escalofríos.
    Increíble.
    Un beso y feliz año nuevo!!
    May R Ayamonte∞

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  4. Como siempre, me encanta :) Es que lo describes tan bien que puedes meterte dentro de la historia fácilmente. Sigue así!
    Un abrazo :3

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