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sábado, 2 de junio de 2012

El helicóptero.

El día es soleado, quizás por eso había estado Drake mirando el canal del tiempo, para asegurarse de que fuera perfecto. En diez minutos, llegan al helicóptero y ella, Misha, ve el regalo que le quiere hacer su amigo, un viaje en helicóptero para celebrar el día de su cumpleaños, y todo porque sabe que siempre le ha gustado volar. Que sueña con tener alas y elevarse en el aire.
Cuando el coche para, él es el primero en salir y le tiende la mano, para ayudarla, tan caballeroso como siempre. Juntos, cruzan la pista hacia la libélula metálica, cuyas aspas se mueven en círculos. Una breve presentación con los pilotos y ya pueden comenzar el paseo.
-¿Estás lista?- Pregunta él.
Ella sonríe.
-Por supuesto.
Es así como empieza el recorrido, con una sonrisa que, una hora después, ha desaparecido cuando, pensando, ella le mira, apartando la vista de la ventanilla. Él no ha cambiado, su pelo es rubio y sus ojos verdes, a juego con su piel pálida. No se parecen en nada, porque ella tiene la piel del color de la canela, el pelo negro y los ojos azules como el neón. Son amigos desde siempre y, de repente, ella recuerda el pasado.
Fue cruel con él. Nunca debió permitir que el orgullo la venciera. Él fue perfecto y ella, no. Mientras que él quería hacerla feliz, demostrarle lo mucho que le importaba, ella se dedicó a humillarle, aunque él nunca dejó que ella viera cómo eso le afectaba. Por ejemplo, cuando ambos tenían catorce años. Misha estaba en el enorme jardín de su casa de campo, hablando con sus amigas y Drake, que había estado observándolas desde lejos mientras acariciaba al perro, reunió el valor que había estado buscando. Caminó hacia ellas y, decidido, frenó enfrente de Misha. La miró con sus maravillosos ojos verdes y confesó que la quería. le dijo que le gustaba desde que podía recordar y que necesitaba decírselo, incluso si ella no sentía lo mismo.
Misha le miró, sorprendida y con los ojos muy abiertos, durante unos segundos infinitos. Y luego rompió a reír, no quería hacerlo, pero no pudo evitarlo. Y sus amigas, pensando que se reía de él, la imitaron. Las mejillas de Drake enrojecieron y, agachando la cabeza, se fue. Jamás volvieron a hablar de ese día.
Ahora, cuando él se da cuenta de que ella le mira, sus miradas se encuentran y las palabras no son necesarias para que él sepa en qué está pensando ella. Sus labios se estiran en una sonrisa agridulce y su memoria también vuela al pasado.
Dos años atrás, cuando ellos tenían dieciséis, algo cambió en su relación. ¿Qué? En ese momento, no lo supo, pero fue real. El mar estaba en calma y el yate no tenía problemas para navegar, quizás fue esa tranquilidad la que hizo que su hermano y él se pelearan. El motivo quedó olvidado debido al dolor, se sentía diferente, aislado de los demás por medio de un muro, de manera que podía verles y oírles, pero ellos no podían comprenderle. Estaba apoyado en la barandilla, mirando frustrado hacia el mar, cuando sintió su mano sobre el hombro. Se giró y se miraron, ella había sido la única espectadora del suceso y ahora estaba allí, junto a él.La expresión tranquila de su rostro fue lo que hizo que supiera que ella le comprendía, a pesar de todas esas veces en las que su timidez o su tristeza habían sido por su culpa. Ella sabía lo que era sentirse perdido en medio de la gente y se lo dijo. Le contó todos sus pensamientos y él hizo lo mismo con ella. Sus cuerpos se acercaron y sus bocas se besaron. Un único beso que no se volvió a repetir.
Tampoco volvieron a hablar de aquello.
Ahora, en el presente, están sentados juntos, sin tocarse. La sonrisa no ha desaparecido, pero tiembla, porque hay muchas cosas que Drake quiere que Misha sepa. Quiere que sepa que, a pesar de todos esos momentos, cuando ella le gritaba o fingía que él no existía, a pesar de las veces que le hizo preguntarse si merecía la pena continuar apoyándola, él la quiere. Está enamorado de ella. Y echa de menos el tacto de sus labios sobre los suyos. Querría repetir ese momento, y no dejar que escapara.
Misha le mira, se detiene en sus ojos verdes y sus perfectos labios. Por algún motivo, ella no ha olvidado ese beso que pensó que no debió ocurrir. Y ahora, duda, porque recuerda su suavidad y el subidón de adrenalina cuando se besaron. Luego, asombrada, descubre cuál es la razón para que nunca desde ese día en el barco se haya enamorado. No puede hacerlo. Está enamorada de él y lo acaba de descubrir.
Le quiere.
Darse cuenta de eso hace que esboce una sonrisa que él imita.
Misha quiere decírselo, va a hacerlo...
El helicóptero empieza a descender demasiado rápido, los pilotos gritan. Ella está asustada, algo raro está pasando. Drake la abraza con fuerza, protegiéndola. Y termina. El helicóptero choca contra el suelo.
Misha se gira, tumbada. Drake la está mirando, pero ya no sonríe. Sus manos se juntan y entrelazan los dedos. Ella llora, una sola lágrima y lo susurra:
-Te quiero.
Después, cierra los ojos a la eternidad.

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