¿Quiénes me siguen?

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viernes, 8 de junio de 2012

Dudas y certezas.

Las dudas eran algo que ella no soportaba, pero no podía evitar que atenazaran su garganta y le quitaran el hambre cada vez que pensaba en lo que iba a hacer. Había llegado el momento de lanzarse, le conocía desde hacía tres años y todavía no se había decidido a admitir lo que sentía por él, aquello que se rebelaba cada vez que le había visto besar a Nora; cada vez que, al regresar a casa, él la miraba y la guiñaba un ojo, repitiendo la misma frase de siempre:
-Hasta mañana, Mona.
Y es que ella se llamaba Mona, un nombre tan extraño que le había traído bastantes problemas cuando era pequeña, pero que sonaba bien en sus labios cada vez que él lo pronunciaba.
Últimamente, notaba cómo él la miraba, la forma que tenía de apartar la vista de los libros de texto en medio de la clase para dejarla fija en ella durante unos segundos. También había notado cómo se detenía en más ocasiones que antes a hablar con ella y cómo sus amigos, siempre, le decían algo después de que lo hiciera. Estaba claro qué debía pensar al respecto, ¿verdad?
Le vio allí, sentado sólo a la entrada del colegio. Por algún motivo, todos los miembros de su grupo se mantenían alejados de él. Sus ojos azules estaban entrecerrados, disfrutando del sol que le caía sobre el rostro.
Iba a dirigirse hacia él, pero se quedó paralizada. Quizás lo había malinterpretado, puede que él no sintiera nada hacia ella y solo tratara de ser amable, como era con todos los demás. Ese pensamiento la hizo recular, al menos, hasta que él la vio.Sus ojos se abrieron por la sorpresa y, tan ágil como era siempre, se levantó y caminó hacia ella.
-Mona...
-Leo- Dijo ella, casi tartamudeando.
-¿Pasa algo?
Ya ni siquiera se atrevía a mirarle,. porque no iba a poder confesar aquello que deseaba decirle, por miedo al rechazo. Sacudió la cabeza y se echó hacia atrás, intentando alejarse, pero él se lo impidió. Sujetó su mano y se acercó a ella.
-Mona...- Repitió.
Alzó la vista, esperando que dijera algo más y entonces él la besó. Ella le correspondió, enlazando los brazos detrás de su cuello y escuchó, si  bien no prestó atención, los vítores de todos a los que conocían.
Entonces las dudas se esfumaron y tuvo la certeza de que sí, él la quería.

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