¿Quiénes me siguen?

Nuestra imaginación nos pertenece. ¡No a los plagios!

lunes, 13 de enero de 2014

El mundo de Morfeo

Hay veces que la vida no es como la esperábamos, veces en las que nuestros sueños se rompen y nuestras esperanzas y alegrías desaparecen como si nunca antes hubieran estado allí y como si no fueran a regresar jamás.
Veces en las que todo lo que nos rodea se desvanece convertido en una nube de polvo, de recuerdos que no queremos olvidar.
Esas veces, nuestros sueños se apropian de nuestro subconsciente, llenándonos la mente de fantasías cada noche, de alegrías que no son más que simples imaginaciones de lo que un día tuvimos o quisimos tener.
Todos soñamos, todos tenemos sueños de amor o de acción, sueños de alegría.
Y todos hemos soñado alguna vez con aquello que más deseamos, incluso con volar y sentirnos ingrávidos en mitad del aire, sintiendo una suave brisa que no podemos considerar viento.
¿Por qué soñamos?
A veces, mejor que la realidad, es estar inmersos en el mundo de Morfeo...

lunes, 28 de octubre de 2013

Mis disculpas.

¡Buenos días a todos!
Parece mentira, pero ya estoy aquí, de vuelta en el blog.
Quería disculparme por mi retraso a la hora de subir entradas, pues sé que algunos de vosotros estáis esperando a que lo haga, pero por motivos relacionados con la universidad me ha resultado imposible incluso pensar nuevos relatos.
Pido que tengáis paciencia, por favor, puesto que la universidad me ocupa gran parte de mi tiempo, pero os aseguro que el blog no va a ser clausurado. A medida que vaya ideando historias, os iré dejando aquí esa parte de mi imaginación.
Muchas gracias a todos por vuestra comprensión y por vuestra paciencia.
¡Espero que todo os esté yendo genial este curso!

sábado, 21 de septiembre de 2013

Bailar bajo la lluvia.

Hoy, como cientos de días antes, algo ha ido mal, no ha sido como debería ser y los problemas se han cebado con tu vida pero, sin importarte, caminas bajo el lluvioso cielo de la ciudad, ejecutando lo que son unos improvisados pasos de baile, sin importarte la gente que pueda verte.
No estás recordando ni uno solo de los malos momentos que han pasado y tampoco tienes la más mínima intención de hacerlo, sino que te regocijas en la diversión que supone para ti el hecho de que la lluvia te caiga sobre el rostro, pues eres más que consciente de que la vida no dura eternamente y los momentos malos no son más que piedras en mitad de nuestro camino que hay que aprender a sortear.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Desilusión, decepción.

La mayoría de la gente opina que no hay dolor más amargo que el sufrimiento, que ese sentimiento desgarrador que te oprime y luego te estira el pecho, hasta que finalmente te rompe por dentro, dejándote como un muñeco que ya no puede ser usado hasta que alguien regrese para arreglarlo.
Quienes piensan eso, quienes lo viven en su propia carne, tienen razón. Pero yo discrepo.
Y es que yo he notado que lo que realmente nos mata por dentro, más allá del sufrimiento que nos paraliza y nos rompe pero que nos permite recuperarnos, es la desilusión.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Dos Extraños.

Se veían todas las mañanas cuando entraban en la universidad, pero no se hablaban, ni siquiera se conocían. Eran dos extraños con una rutina similar y amigos comunes, pero sus edades diferentes les habían situado en distintos cursos. Simplemente se limitaban a observarse en la distancia, sin conocer sus pensamientos ni sus sentimientos, tan solo sus nombres.
Eran dos personas destinadas a encontrarse, pero nunca llegaba el momento de que lo hicieran, hasta que finalmente sucedió.
Todo el mundo observó cómo él se sentaba a comer en la misma mesa que ella, tratando de iniciar una conversación que ella le ayudó a desarrollar. La afinidad entre ambos surgió al instante, era casi palpable a su alrededor que tenían un futuro por delante, que podían ser felices juntos.
Todos habían sabido desde el principio que eran almas gemelas, que serían inseparables, pero ya era hora de que lo descubrieran también ellos.
Las charlas a la hora de la comida se transformaron en conversaciones entre cada clase y estas  se vieron sustituidas por salidas cada tarde e, incluso, por las noches.
Se querían, se abrazaban, confiaban el uno en el otro de tal forma que desnudaron sus almas.

En definitiva, dejaron de ser dos extraños.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Frío.

Siento el frío en la piel, la imposibilidad de mover los dedos tras horas sabiendo que están congelados. Cuando intento mover los pies, enfundados en gruesas botas de piel, noto el dolor que producen cientos de pinchazos, que se clavan en la carne como agujas, mezclándose con la sensación de humedad producida por el hielo derretido.
No importa cuánto me abrigue, cuánto acerque el abrigo de piel a mi cuerpo, pues la ventisca no cesa y el viento helado choca contra mi ahora congelada e insensible cara, hiriéndome los copos de nieve como si fueran látigos. Cuán preciosos los creía semanas atrás, cuando caían suavemente y cuán terribles los veo ahora, que me azotan.
A cada segundo que pasa, siento mi cuerpo que se paraliza más, pues ni siquiera mi cerebro es capaz de enviarle las órdenes de continuar. Apenas puedo pensar, a excepción de recuerdos de calidez, como el caldo caliente que hierve en el puchero de mi casa o el calor que desprenden las llamas de la chimenea. He llegado a un punto en el que ya no recuerdo cómo llegué a esta situación, a estar completamente sola en medio de semejante temporal.
Simplemente me doy cuenta de cómo mi vitalidad se va apagando, como una vela que, al soplarla lentamente, conserva una llama que, llegado un momento, no puede resistir más y se agota. Ese es mi cuerpo en este instante, una llama a punto de agotarse.
mis ojos comienzan a cerrarse sin que yo pueda hacer nada por evitarlo y las piernas dejan de responderme por completo, haciendo que todo mi ser caiga al suelo, la nieve amortiguando el golpe.
La oscuridad se va reuniendo sobre mí o así le parece a mi mente moribunda, antes de que mis ojos se abran, realizando un gran esfuerzo, al escuchar un sonido similar a una moto. Veo una gran figura acercarse a mí y creo oír una voz gritando mi nombre.
Es entonces cuando le veo y distingo su joven y apuesta cara.
Sonrío.

Estoy salvada.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Rutinas y Despedidas.

Descorres las cortinas y observas el paisaje del exterior, encontrándote con el color grisáceo y apagado de la calle, donde dominan el cemento y el hormigón. La rutina es la misma de siempre y llega un momento en el que ya cansa.
Tan solo quieres alejarte de allí, despertarte y ver un mundo colorido donde la gente que te rodee parezca feliz, en lugar de agobiada por horarios interminables. Quieres rodearte de un aroma floral, dulce y agradable; en lugar de tener que soportar la peste de la polución.
Quieres vivir en un sitio distinto, empezar de nuevo y tener la vida que realmente deseas vivir.
De modo que vas al trabajo y te despides, haces las maletas y conduces hacia ese pequeño pueblo en el que viviste una vez, cuando disfrutabas de tu infancia. Es allí donde vuelves a descubrir esa gama de vivos colores que en la ciudad no existía y es también allí donde hueles ese aroma a naturaleza sin contaminar. Saludas a toda la gente que pasa a tu lado, sorprendida de todo lo que has cambiado y te encaminas a la que fuera tu casa, donde aún viven tus padres. Los saludos son tan calurosos que descubres lo mucho que les habías echado de menos.
Pasan los meses y tu vida ha cambiado. Ahora trabajas en una pequeña tienda que no te ocupa todo tu tiempo, dejándote espacio para divertirte, para poder escribir o hacer lo que te plazca. Vives en una casita pequeña, pero es bonita y tiene jardín.
Cuando eras joven no soñabas con vivir así, querías salir de allí, pero ahora no te quieres ir.
¿Por qué?
Porque eres feliz.

martes, 3 de septiembre de 2013

Tarde en el Cine

El otro día entré al cine y me senté en las butacas del fondo, donde no había nadie, donde podía verlo todo. Presté atención a los asientos delanteros, a las personas sentadas en ellos.
Vi a los niños pequeños, curiosos, con esa inocencia infantil que en esta sociedad mayor de edad no tardarán en perder. vi a los adolescentes, alegres con sus amigos unos; pensativos y en silencio otros;preocupados la mayoría por cosas que en un futuro no demasiado lejano carecerán de sentido.
Vi a los adultos, pegados al teléfono móvil por asuntos de trabajo, tan ajetreados que no se daban cuenta de nada, ni siquiera de ellos mismos, de que un momento de diversión lo estaban transformando en otro de aflicción, de una continuación de horas encerrados en una oficina; como contrapunto estaban los adultos parados, personas en cuyas caras habían aparecido arrugas prematuras debidas al estrés, a la falsa sensación de ser un estorbo social producida por la falta de ocasiones en las que sentirse útiles, al continuo pensamiento de encontrar un trabajo digno con el que poder alimentar a esos niños a los que, gracias a los bonos de promociones, habían llevado a ver la película.
También, por último vi a los ancianos, muchos de ellos solos, víctimas de muertes ajenas y de la soledad, causada por infrecuentes visitas familiares, otros de ellos estaban felices, acompañados, tratando de transmitir un poco de la sabiduría que adquirieron con los años.
Por último, me vi a mí misma, apenas un vistazo antes de prestar atención a la película.

sábado, 31 de agosto de 2013

Noches Sin Luna

Es de noche y la luna es lo único que, junto con un par de farolas medio rotas, alumbra la calle. Apenas hay árboles en los aburridos jardines de los adosados, pero las ramas de los pocos que hay tiemblan por el frío de la noche de otoño y las hojas, rojizas y secas, se arremolinan en el suelo.
Unas pisadas, rápidas y seguida de otras, es lo único que perturba la tranquilidad de una urbanización en la que nunca sucede nada. una chica suspira y se para frente a una verja y, al instante, unos brazos masculinos le aferran la cintura y le dan media vuelta en el aire, hasta quedar cara a cara con el único chico al que ha querido. Siente el metal a su espalda cuando él la oprime, besándola con pasión con esa energía que solo él parece desbordar. Es entonces cuando ella le corresponde hasta que, exultante de felicidad, empieza a reír, abrazándole, deseosa de no soltarle nunca.
La alegría permanece hasta ver que su rostro se entristece y sabe el motivo de ello.
-El tiempo se nos acaba- Le dice su voz.
Ella asiente, sintiendo su alegría sustituida por el pesar.
-Quisiera que eso no tuviera que suceder...
El chico del que está enamorada mira a la luna y después vuelve a mirarla a ella.
-Volveremos a vernos, sabes que siempre lo hacemos.
Ella asiente.
-Todas las noches sin luna.
Y se despierta.
Aparta las sábanas en una cálida noche de verano, recordando el sueño, sus palabras. Volverá a verle, cuando haya otra noche como aquella, en un mes aproximadamente.
Como todas las noches sin luna.

miércoles, 28 de agosto de 2013

¡He regresado!

¡Buenos días a todos!
O buenas noches, porque estoy escribiendo esto bastante tarde, escoged vosotros el saludo que prefiráis.
Después de unos días de descanso que reconozco que necesitaba, ha llegado el momento de regresar al blog.
Vengo cargada con algunas historias nuevas y con muchas otras pensadas, así que espero poder ir publicando pronto, así como espero también que los relatos os emocionen y os gusten, que sintáis algo al leerlos.
Dentro de dos o tres días, podréis leer un nuevo relato, uno de fantasía y ensueño. Hasta entonces, ¿qué tal habéis pasado el verano? ¿Habéis leído mucho?
Estaré encantada de saber de vosotros.
¡Un beso!